: en circulación


Viena Roja
Joaquín Mortiz
Serie del Volador

PLANETA

<<¿Qué pasa cuando se nos despoja de aquello por lo que hemos vivido, aquello por lo que hemos entregado todo, sin reservas? ¿En qué puede llegar a convertirse un ser humano cuando el fuego interno que lo alimenta le es arrebatado? El mundo de Friedl Aichinger –joven violinista, alumna del compositor Arnold Schönberg– se verá colapsado cuando un buen día sea imposibilitada para seguir abrazando la música, su mayor pasión, tras ser víctima de un cruento episodio de brutalidad. Friedl vivirá, a riesgo de hundirse en el proceso, una pesadilla en la que habrá de confrontar a los que más ama y a sí misma.

Viena a principios del siglo XX, de república flamante tras la caída del imperio austrohúngaro. La música, el arte, las mentes más lúcidas de la época y una atmósfera de decadencia y excesos dan vida a esta novela. Arnold Schönberg, Alban Berg, Alma Mahler, Karl Kraus, la familia Wittgenstein y otros personajes desfilan por estas páginas llenas de vida y musicalidad.

Viena roja, novela que se alimenta de una violencia y una pasión atroz, posee un registro narrativo vibrante que no da tregua ni concesiones. Con esta su primera novela, Tryno Maldonado confirma por qué es una de las voces más prometedoras del panorama literario mexicano.>>

A V I S O
: mi disco duro quedó inservible hace unos días
: mi computadora se fue a la basura
: no estaré actualizando el blog por un buen tiempo

: mexique,
démocratie en danger



París, abril 9, 2005


: ante la corrupción de la democracia, la resistencia




Abril 7, 2005, Ciudad de México



Tras el vil atropello que ha recibido en estos días la incipiente democracia de nuestro pais, Luis Villoro (muy probablemente el más importante filósofo mexicano) publicó el día de hoy un exhorto abierto a la resistencia civil en el diario La Jornada. Me tomo la libertad de utilizarlo por el peso cobran en este momento las palabras de uno de nuestros mayores intelectuales.




Ante la corrupción de la democracia, la resistencia

Luis Villoro

La Jornada

Abril 8, 2005

Democracia es el poder del pueblo. Pero el poder del pueblo puede manifestarse en muchas formas. Hay una "democracia comunitaria" que se muestra en muchas de nuestras comunidades indígenas, hay una "democracia republicana", como empezó a darse en el Renacimiento europeo. Pero en México, como en todos los países occidentales modernos, se ha manifestado en una democracia representativa de corte liberal.

En la democracia representativa liberal el pueblo manifiesta su voluntad mediante sus representantes electos. Y la democracia representativa puede corromperse. Se corrompe cuando sus representantes ya no obedecen a la voluntad de sus electores sino a sus propios intereses y el Congreso ya no sigue la voluntad general de quien lo eligió.

En México esa situación se dio, al menos, en dos momentos claves. El primero fue cuando, en 2001, el Congreso se negó a reconocer los derechos de los pueblos originarios que constituyen la nación mexicana, porque México es una nación plural constituida por varias culturas de pueblos diferentes. Al no reconocer la pluralidad de la nación, los "representantes del pueblo" se manifestaron contra los derechos de los pueblos indígenas y provocaron una rebeldía que daría lugar a la defensa de una "democracia con justicia y dignidad", y a la construcción de la autonomía zapatista, ejemplo para muchas otras comunidades indígenas. De esta primera corrupción de la democracia fueron responsables los supuestos representantes del pueblo.

Pero era necesario un segundo paso para que la corrupción de la democracia fuera patente: el paso contra la misma democracia representativa de corte liberal. Cuando en 2005 los diputados decidieron por mayoría desaforar a un candidato a la Presidencia de la República que presentaba posibilidades reales, no sólo mostraron un desprecio a la voluntad popular, que los eligió, sino un rechazo por el estado de derecho del que supuestamente forman parte. Andrés Manuel López Obrador pudo haber cometido un desacato, mínimo desde un punto de vista jurídico (ignorancia de un amparo, rectificado con sus acciones posteriores), pero eso no puede justificar ni descalificar la voluntad de sus electores, como lo han demostrado juristas ampliamente reconocidos. La corrupción de nuestra democracia representativa se ha hecho patente en el intento de desafuero del jefe de Gobierno electo del Distrito Federal. Ahora se muestra la imposibilidad de nuestros legisladores no sólo para reconocer los derechos de los pueblos originarios que forman nuestra nación, sino incluso la imposibilidad de los ciudadanos libres de nuestra nación para darse los gobernantes que ellos determinen.

Frente a la corrupción de la democracia, la solución no es la revolución. Las revoluciones -la historia moderna lo ha demostrado- para obtener una sociedad superior sólo lograron provocar un mal mayor. Pero hay otra alternativa: la resistencia civil. Lo han señalado los propios autores liberales desde Locke hasta Rawls.

La resistencia civil frente a la degradación de la democracia puede tener muchas formas y revestir muchos grados (huelga general, negativa al pago de impuestos, actitudes colectivas de brazos caídos, etcétera). Pero la resistencia personal y colectiva frente a la corrupción de la democracia tiene que manifestarse.




Abril 7, 2005, Ciudad de México









: ¡ R E S I S T E N C I A !






10




: diez narradores contemporáneos

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01: J.M. Coetzee

[Cape Town, 1940]

Conocí a Coetzee por consejo de César Albarrán. Y no me cansaré de decirlo. Ningún escritor ha logrado estremecerme tanto como este maestro sudafricano. Ahora concibo mis lecturas y mi propia escritura en dos períodos básicos: antes y después de JMC. Los libros de Coetzee provocan lo que muy poca literatura actual (aunque debería hacerlo si se jactara de ser tal): trastocar de alguna forma la noción personal de la realidad, violentar el estar en el mundo de sus lectores. Admirador de Bachmann, Beckett y Borges, Coetzee inició su trayectoria con Dusklands (1974), desarrollando un registro narrativo aparentemente frío, de resonancias metálicas, brutal y depurado como muy pocos. Coetzee pone en cada una de sus novelas interrogantes morales como quien deja caer un hierro candente en las manos de otro. La discriminación, la intolerancia, la brutalidad hacia los animales y el appartheid han sido algunos de sus temas fundamentales.

[Lecturas recomendadas en traducción:]

La edad de hierro (1992)

Elizabeth Costello (2003)

Esperando a los bárbaros (1980)

Desgracia (1999)

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02: Philip Roth

[New Jersey, 1933]

No hay duda. Es claro que la mejor narrativa contemporánea se hace en inglés. De ahí en más son contados los casos en otras lenguas. Pero pocos escritores anglófonos blanden su idioma como un arma tan puntual y eficaz tanto para elaborar una sátira, pintar el patetismo o simplemente desarmar al lector en unas cuantas líneas llenas de lucidez. Roth posee una voz de argumentos notablemente precisos y brillantes. Ha desarrollado esa capacidad de manipular el lenguaje a su antojo y darle una vuelta de tuerca al uso de la oralidad. Por si fuera poco, sus personajes se nos vuelven pronto entrañables: saltan del papel, rebosan de energía vital, al igual que los conflictos que sus novelas plantean. Donde nosotros vemos cotidianeidad, simpleza y abulia, Roth ve literatura. Se coloca en el lugar del otro con asombrosa facilidad. ¡Silky Silk a doce rounds! Estocolmo se está tardando en darle ese premio.

[Lecturas recomendadas en traducción:]

El teatro del Sabbath (1995)

Patrimonio (1991)

Pastoral americana (1997)

La mancha humana (2000)

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03: Fleur Jaeggy

[Zurich, 1940]

Descubrí a Jaeggy por consejo de David Miklos. A finales del año pasado, en cierta conversación, un escritor reconocido me contó que Roberto Calasso había cenado en su casa la noche anterior. Cualquier otra persona en mi lugar hubiera lanzado preguntas a quemarropa sobre el escritor italiano, fundador de la casa editorial Gli Adelphi. Pero no. Sólo atiné a preguntar con asombro: “¿Venía su esposa con él?”. Cada una de las novelas de Jaeggy (quien decidió escribir en italiano) son pequeñas joyas, pequeños y elaboradísimos trabajos de orfebrería. El aparente desapego y la frialdad en su voz, maestra de la contención donde las haya, son engañosos: alcanzar una voz poética con tal concentración y tan refinada sólo puede lograrse por medio de una sensibilidad extraordinaria, una percepción atenta de la experiencia vital, amén de una disciplina férrea y una lectura concienzuda de todos los Walsers.

[Lecturas recomendadas en traducción:]

El temor del cielo (1994)

Los hermosos años del castigo (1989)

Proleterka (2001)

El ángel de la guarda (1971)

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04: Haruki Murakami

[Kyoto, 1949]

Cuando alguien me pide que le recomiende un libro, no lo dudo un instante: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. (Donde Tooru Okada vendría siendo algo así como mi alter ego, con todo y su May Kazahara). En una época donde impera el realismo férreo y complaciente, este escritor japonés se regodea haciendo hablar a los gatos, haciendo aparecer y desaparecer a mujeres misteriosas, creando puertas interdimensionales dentro de pozos vacíos... Quizá estemos ante el mayor prodigio de la imaginación de las letras contemporáneas. Aunque tal vez sea también el escritor nipón más occidentalizado (si tal patraña del “Occidente” existe). Las referencias musicales y culturales occidentales pululan en sus novelas, siendo su Norwegian wood (título tomado de una canción de los Beatles) el caso más evidente. Cuenta el propio Murakami que descubrió su vocación de narrador a los veintitantos años: tomaba una cerveza mientras observaba un partido de béisbol; entonces un jugador de su equipo conectó un hit y “todo cobró sentido”. Ése fue el momento de la revelación. Es sabido que quien se sienta a leer una novela de Murakami corre un riesgo enorme: el riesgo de no querer levantar la cabeza de vuelta a este mundo abúlico e insípido.

[Lecturas recomendadas en traducción:]

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1997)

Sputnik, mi amor (2001)

A la caza de carnero salvaje (1989)

Al oeste del sol, al sur de la frontera (2003)

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05: Paul Auster

[New Jersey, 1947]

No creía en el talento. Quizá en la música o en la pintura esa patraña existiera. Pero no en la literatura. Entonces, ¿cómo explicar esa tremenda noción y ese control de las tramas y subtramas que despliega Auster en cada novela? No deja de asombrarme: La noche del oráculo es un claro ejemplo de ello. Quienes escriben sabrán a lo que me refiero. (Yo mismo identifico la manera en que se desarrollan las tramas de mis historias con las de Auster: concebir la estructura mentalmente en su totalidad aún antes de sentarse a redactar una sola línea). En los procesos creativos de Auster hay una enorme parte intuitiva y salvaje con la que, a riesgo de caer en el lugar común, “uno nace pero jamás se hace”. Intentar racionalizar esta habilidad se me antoja ocioso. Podríamos, en tal caso, decir que Auster es de los pocos cracks (como los futbolistas) de la literatura actual. Un Ronaldinho de la novela que, como su personaje Fogg, se forjó en la bravura de las calles de Nueva York y que quizá sólo reconozca la influencia directa de Don DeLillo y en la Amerika de Kafka.

[Lecturas recomendadas en traducción:]

La trilogía de Nueva York (1987)

La noche del oráculo (2004)

El palacio de la luna (1989)

Leviatán (1992)

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06: António Lobo Antunes

[Lisboa, 1942]

Maestro de maestros para quienes hacemos novela por no saber hacer poesía. El planeta Antunes es un planeta que ejerce una gravedad fortísima. Incluso ese tal Saramago, paisano suyo, ha caído en la tentación de plagiarlo con buen disimulo. Quien se acerca a Lobo corre el riesgo quedar atrapado. Un estilista. El puro goce de su prosa excesiva y lírica nos basta. Hundirse en la calma y la melodía de sus aguas soporíferas, de su ritmo constante e hipnótico, eso nos basta. Lobo puede decir en entrevistas lo que le venga en gana, puede contar en sus novelas lo que sea: la vida de sus tías en una casa ruinosa de Lisboa, sus años como médico en la guerra de Angola, su infancia en una hacienda en decadencia durante la dictadura de Salazar, la historia de una vieja loca que creía tener la receta de la coca-cola (café con mucho azúcar)... Le creeremos todo. Le creeremos cada palabra que salga de su pluma mientras escribe el día entero en un hospital siquiátrico, mientras convive con sus enfermos y sólo se detiene para compartir con ellos la comida. Le creeremos cada línea rota, cada párrafo dislocado, porque sabemos de esa necesidad, de ese apremio por escribir, de esa pasión desaforada, de esa fiebre irrefrenable que arremete por las noches como una punzada, que lo obliga despertar, saltar de la cama, tomar un cuadernillo y desbocarse en él como un poseso horas y horas enteras. Le creemos porque compartimos ese mal. Maestro Lobo, larga vida.

[Lecturas recomendadas en traducción:]

En el culo del mundo

El orden natural de las cosas

Tratado de las pasiones del alma

Manual de inquisidores

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07: Michel Houellebecq

[Réunion, 1958]

¡Un cabrón! Eso y nada más es Houellebecq. El misántropo perfecto. Ni siquiera sé porqué hablo de él. No debería hacerlo. No lo merece. Él no lo haría sobre sí mismo. Quizá sólo lo haría por vanidad; no por interés literario. ¿Le interesa mínimamente la literatura a este tipo? Nadie debería hablar de Houellebecq. Nunca. Que se quede para siempre escondido donde está, que se quede en el escondite a donde se largó luego de recibir amenazas de muerte por denostar abiertamente a los árabes en Plataforma. Nadie debería hablar del famoso “asunto Houellebecq”. Nadie debería hablar de su cinismo despiadado. Nadie debería citar su frase: "El valor de un ser humano se mide hoy en día por su eficacia económica y su potencial erótico". Nadie debería hablar de esas odas a la misantropía y a la pornografía que son sus novelas. Nadie debería, sobre todo, hablar de esos personajes suyos que rememoran a Camus. Un Camus con esteroides en la era de la ingeniería en sistemas y del turismo sexual.

¡Todos te odiamos, cabrón Houellebecq! Pero déjanos tus novelas...

[Lecturas recomendadas en traducción:]

Plataforma (2001)

Ampliación del campo de batalla (1994)

Las partículas elementales (1998)

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08: Juan Goytisolo

[Barcelona, 1931]

Tras la muerte de Cabrera Infante, Goyti es ya el único estilista vivo del castellano. Quien opine lo contrario que lance la primera piedra. Confienso que no conocía la obra de Goytisolo hasta hace poco; llegué a él cortesía del buen Jorge Harmodio, quien a su vez lo conoció personalmente en París y más tarde lo visitaría en Marraquech. La prosa de Goyti es noble, precisa como un estilete y expansiva. Este gran maestro del castellano (aunque catalán de nacimiento), me ha devuelto a ese asombro y respeto que siempre le he profesado a nuestra lengua por su riqueza y flexibilidad. Amén de su nivel de compromiso con el oficio de escritor y con sus férreos ideales, que le costaron bastantes penurias (y que de paso me abren los ojos ante lo anodino y destemplado de mi generación y me hacen renegar por momentos de ella en su generalidad). Don Juan Goytisolo se ha granjeado un lector fiel en mí. Después de leer sus memorias (Coto vedado y En los reinos de taifa) sólo quedan ganas de hacer dos cosas: a) largarse a París, b) sentarse a escribir novelas como poseso.

[Lecturas recomendadas:]

Coto vedado (1985)

En los reinos de taifa (1986)

Señas de identidad (1966)

Reivindicación del conde don Julián (1970)

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09: Elfriede Jelinek

[Styria, 1946]

La literatura femenina generalmente no es bien vista por la crítica fundada en patrones convenidos por el colectivo masculino. No seamos hipócritas: si una escritora no masculiniza su prosa (es decir: si no se somete) es víctima de escarnio. Por lo regular (vide Cd. Juárez) en nuestro país las mujeres que no se someten son asesinadas. ¿Pero qué sucede cuando además de hacer literatura femenina alguien decide hacer literatura abiertamente feminista? La de Jelinek es una literatura desencarnada. La de Jelinek es una literatura de la que nadie sale indemne. La de Jelinek, como la de Fleur Jaeggy, es una literatura de mujeres (que no “de hembras”, como decir “de machos”), aunque le duela a dos que tres puristas de La Literatura; y no por ello desmerece un ápice, ni le pide nada a ningún “maestro” (al contrario). Atención: lo Universal no es lo Masculino. El Ser Humano no es El Hombre. El camino que Jelinek ha elegido no es, por lo tanto, el más cómodo. No podría serlo de otra forma. Su camino es la radicalidad, la trasgresión. Para tales efectos ni siquiera hay camino: hay que inventarlo; de ahí lo doblemente arduo de su labor. La obra de Jelinek se distingue por tener el valor (y el talento) para mostrar de manera despiadada la complejidad con que operan las relaciones de poder entre los individuos, especialmente entre varones y mujeres. La particularidad de su narrativa (y quizá su mayor mérito) reside en la forma en que logra evidenciar la construcción de los estereotipos y los roles de género dentro de un universo de convenciones androcéntricas. Cuando leo a Jelinek deseo sobre todo una cosa: cerrar cuanto antes las páginas del libro, arrojarlo lo más lejos posible y renunciar a este mundo de mierda. ¡Pero no puedo! ¡Que vengan más mujeres como Elfriede!

[Lecturas recomendadas en traducción:]

Deseo (1989)

La maestra de piano (1983)

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10: Michael Cunningham

[Cincinati, 1952]

No cabe duda que Las horas (un día en la vida de tres mujeres y una suerte de “variación sobre un tema de la Woolf”), contada por cualquier otro autor se volvería una tomadura de pelo, una novela menor. Pero contada por Cunningham resulta ser el punto clave que atestigua el nacimiento de un Escritor. El nacimiento de una voz y de una visión sensibles como muy pocas. Los hilos traslúcidos con los que se entretejen nuestras vidas son reconocidos y diseccionados con maestría asombrosa por Cunningham. Conflictos y situaciones triviales que lindarían con el lugar común (una mujer que dará una fiesta y sale a comprar flores, un escritor homosexual depresivo y seropositivo, la jornada de una ama de casa fastidiada de su matrimonio, la manoseada vida de Virginia Woolf y su suicidio...), en voz de Cunningham se convierten en auténticas épicas individuales, en epopeyas de lo cotidiano a la manera del Ulysses, pero en una clave muy distinta, desde luego. Releyendo a Cunningham, se me ocurre hacer una pregunta para las y los narradores mexicanos: ¿Por qué no nos dejamos ya de chingaderas y hacemos Literatura de una vez por todas?

[Lecturas recomendadas en traducción:]

Las horas (1998)

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mis10

: ni están todos los que son...


: 10 bandas de todos los tiempos

01: Pearl Jam

02: U2

03: Dream Theater

04: Soundgarden

05: Aerosmith

06: Queen

07: The Doors

08: Alice in Chains

09: Nirvana

10: Stone Temple Pilots

[11: Guns’n’Roses]

[12: Pantera]

[13: Joe Satriani]

[14: Steve Vai]

[15: Yngwie Malsmteen]

: 10 bandas contemporáneas

01: Deftones

02: The Mars Volta

03: P.O.D.

04: System of a Down

05: Audioslave

06: Ill Niño

07: Glassjaw

08: Godsmack

09: Rammstein

10: Interpol

[11: Franz Ferdinand]

[12: Modest Mouse]

[13: The Killers]

[14: Papa Roach]

[15: Puddle of Mud]

: 10 jazzeros

01: Pat Metheny

02: John Coltrane

03: Miles Davis

04: Chick Corea

05: Allan Holdsworth

06: Jaco Pastorius

07: Arturo Sandoval

08: Greg Howe

09: Eddie Palmieri

10: Diana Krall

[11: Bebel Gilberto]

[12: Lisa Nilsson]

[13: Beady Belle]

[14: Dizzie Gillespie]

[15: Art Tatum]

[16: Charlie Parker]

: 10 blueseros

01: Jimi Hendrix

02: Stevie Ray Vaughan

03: B.B. King

04: Eric Clapton

05: Kenny Wayne Shephard

06: Eric Johnson

07: John Lee Hooker

08: Buddy Guy

09: Jeff Beck

10: Gary Moore

[11: Robert Johnson]

: 10 poperos

01: Björk

02: Garbage

03: Daft Punk

04: Alanis Morissette

05: Chemical Brothers

06: Portishead

07: Tori Amos

08: Gotan Project

09: Jamiroquai

10: Saint Germain

[11: Depeche Mode]

[12: Nelly Furtado]

[13: Cocteau Twins]

: 10 metaleros


01: Pantera

02: Metallica

03: Megadeth

04: Testament

05: Sepultura

06: Carcass

07: Iron Maiden

08: Black Sabbath

09: Mötorhead

10: Ozzy Osbourne

[11: White Zombie]

: 10 mexican curious

01: Café Tacvba

02: La Lupita

03: Cuca

04: Molotov

05: Plastilina Mosh

06: Nortec Collective

07: Ely Guerra

08: Julieta Venegas

09: Quiero Club

10: Wakal

[11: Natalia Lafourcade]

[12: Belanova]

: 10 académicos

01: Iannis Xenakis

02: Iancu Dumitrescu

03: Ana Maria Avram

04: Gyorgy Ligeti

05: Luciano Berio

06: Karheinz Stockhausen

07: Brian Ferneyhough

08: Sofia Gubaidulina

09: Piére Boulez

10: Astor Piazzolla

[11: Béla Bartok]

[12: Arnold Schönberg]

[13: Alban Berg]

[14: Anton Webern]

[15: Igor Stravinsky]

: 10 inclasificables

01: Frank Zappa

02:

03:

04:

05:

06:

07:

08:

09:

10:







: ¡no al atropello arbitrario

de la incipiente democracia!





: evil, interpol



: the killers





Well somebody told me

You had a boyfriend
Who looks like a girlfriend
That I had in February of last year
It's not confidential
I've got potential

: "soy totalmente barbona"


Tengo tanta barba como puede tenerla Diego Luna interpretando al Che Guevara. Pero una versión barbada de mí puede ser vista como parte del proyecto "Soy totalmente barbona" de Cristina (la Verdadera) Rivera-Garza.

: roma para principiantes

para Silvia de Sanctis, ciccia

“Roma, sabedora de todos los recursos y añagazas

necesarios para atrapar a los incautos”.

Juegos florales, Sergio Pitol

: 01

Odia el terrible lugar común. Pero ahora lo sabe. Lo sabe porque Roma le ha dado una de las experiencias más intensas de su vida. Roma lo recibió con una belleza sobrecogedora, lo arropó entre sus brazos como una madre diligente y, lo mismo, se encargó de patearle el culo todos los días. Si es verdad ese manido símil de que las ciudades son como mujeres, entonces Roma no es otra cosa que una mujer entrada en años e histérica, de una belleza decadente, una mujer que nos hace besar el piso para tener sus favores. ¿Cómo negarse? Parece mentira que hace dos semanas él haya salido de su país con mochila al hombro. La mochila ahora pesa cerca de diecisiete kilos y despide un olor insoportable. Ha caminado sin parar y ha comido muy poco. Los pantalones ahora le vienen grandes. En cambio, la libreta de apuntes comienza a engordar. El viaje en tren ha sido como todos

: en un vagón atestado de japoneses que apenas chapurrean el inglés. Milán-Florencia-Roma. Odia el terrible lugar común, sí. Pero ahora lo sabe. “Todos los caminos conducen a Roma”.

Baja del tren y se sorprende ante la magnitud de la estación Termini; ni remotamente tan bella como la de Milán, pero mucho más imponente

: el punto nodal de casi todos los sistemas de transporte de la ciudad. En Roma todos los caminos conducen a Termini. En su país jamás ha viajado en tren; aquí se han vuelto parte de su imaginario, su guarida y centro de operaciones antes de pisar una nueva ciudad. En la caseta de información le dan direcciones de varios hostales. Le han dicho que el de HI es particularmente malo aquí. Paga tres euros y medio por guardar su equipaje en Termini. Aborda el metro. En Roma sólo hay dos líneas, sumamente deterioradas. Cuando llega al primer hostal se da cuenta que pertenece a una iglesia católica. No se lo piensa y sale huyendo. Se adentra en el metro de nuevo. Ahora hacia Piramide. Camina más de un kilómetro sólo para descubrir que ese otro hostal de jesuitas para jóvenes católicos. El asunto de la religión comienza a frustrarle. ¿Es que todo es para católicos en esta ciudad? Vuelve al metro y pronto se da cuenta que por su fenotipo puede pasar como italiano. Finge estar abonado y se pasa el troquel sin pagar frente a las narices de los inspectores (cada euro es valiosísimo en esos momentos). En la calle le hablan en italiano y hasta le piden direcciones. La confusión comienza a divertirle.

Ha gastado todo el primer día en buscar hospedaje. Se rinde. Va hacia el norte, cerca del Estadio Olímpico, más allá de la estación de San Pietro, para hospedarse en el Ostello della Giuventú, por muy malo que pueda ser. Sólo logra encontrarlo gracias a unos turcos hospedados allí. El lugar fue construido para las olimpiadas en Roma. De eso hace décadas. Para no variar, sus compañeros de cuarto son japoneses. Cosa de mención: un japonés más alto que él, de casi dos metros.

Esa misma noche vuelve a Termini por su equipaje. El ajetreo del día ha sido tal que perdió el ticket. El encargado despotrica en romano, ni siquiera en italiano. Mueve demasiado las manos y esputa decenas de maldiciones intraducibles. Sin el ticket es im-po-si-ble devolverle sus pertenencias. Él se sienta en el suelo de Termini tan exhausto que poco le importa. Quizá el viaje finalice allí. ¿Cómo recuperar todas sus pertenencias? Afuera de Termini habrá un festival de rock durante toda la semana. Eso lo anima un poco. Bebe una cerveza, come un panino y se cuela entre la gente y la música. Mañana será otro día. Además está en Roma, quizá la ciudad más bella del mundo.

: 02

Luego de unas horas de sueño se despierta con un brazo deformado por las picaduras de mosquitos. Repelente para insectos

: ocho euros y medio. Por la mañana vuelve a Termini. Lo mandan de un lado a otro

: de atención al cliente a información turística y de allí a la policía. Nadie habla inglés decentemente. Tiene que ingeniárselas. Debe poner una denuncia por la pérdida de su equipaje. Todo mundo le grita. El caos de esta ciudad vuelve un tanto histérico a todos. No duda que él mismo termine esputándole a alguien en la cara (de hecho lo hará). Al final en la estación de policía arreglan su problema. Los carabinieri son una cosa de mención: impecablemente vestidos, con el cutis perfecto, maquillados y las cejas depiladas. Vuelve por su equipaje al depósito

: casi diez euros por recargos. A ese paso se quedará sin un céntimo. Roma está esperando allá afuera.

Lo primero que desea ver es el Pantheon. Pero decide tomar la Via del Corso desde la Piazza del Popolo, para luego desviarse a comprar una camiseta de Totti y llegar a la Piazza di Spagna. Se sienta en las escalinatas que ascienden hasta Trinità dei Monti, a la sombra de la casa donde murió John Keats a los veinticinco años. Se pregunta si esta misma vista es la que habrá tenido el poeta, si esto que ahora ve, esto que ahora escucha y siente es lo mismo que percibió Keats al morir con sólo un año menos que él. A su lado va y viene una plaga de turistas. ¿Acaso él no es uno de ellos? Las japonesas con sus bolsas de las tiendas de marca viniendo del Corso. En la Fontana di Trevi (que resulta ser mucho más impresionante de lo que él podría haber apostado) encontrará más japoneses tomándose fotos mientras arrojan monedas de espaldas. Los gelati que todos comen se ven deliciosos: él no puede darse ese lujo, aunque el calor no cede. Por fortuna en Roma toda el agua de los grifos públicos se puede beber. Se adentra por callejones estrechos con olor a orines de gato. De pronto está en la Piazza della Rotonda. Alza la vista y allí lo tiene, frente a sus ojos. Entra en el Pantheon con respecto casi votivo. El diámetro de la construcción es poco más de cuarenta y tres metros, exactamente lo mismo que de altura, como una esfera perfecta. En lo alto de la cúpula se abre un orificio por el que entra un haz de luz. Él se sienta entre la muchedumbre a contemplar cómo el haz avanza al paso de las horas. Podría estar allí sentado toda la vida. El lugar lo reconforta. Recuerda el momento en que Onno Quist reencuentra a su hijo en ese mismo sitio, en la novela del holandés Mulisch. Si Onno quería perderse de su pasado eligió la mejor ciudad. ¿Habrá de reencontrarse él también con alguien querido si permanece demasiado tiempo allí? Lo duda.

Continúa la marcha, hacia el sur, y se topa con algo que lo maravilla

: en pleno centro de la ciudad, ante el paso irrefrenable de autobuses, coches y vespas, se halla una zona de ruinas cercada. El lugar despide un olor acre a lo lejos. No es otra cosa que un refugio para gatos callejeros. Es la Area Sacra Argentina. Los gatos retozan a sus anchas y coquetean con los turistas curiosos. A esas alturas no le parece raro que un refugio sea la única oportunidad que tenga un gato de la calle de sobrevivir a esta ciudad demencial. Por la noche aborda la Via Nazionale buscando el lugar del que tanto le han hablado

: Campo dei Fiori. En los alrededores sobran los bares y los restaurantes. La plaza está llena de jóvenes. Hay música por todos lados. Se siente a sus anchas. No falta quien le ofrezca un cigarro de hachís. Se compra una cerveza y un panino en una tienda cercana. La empleada habla perfecto español

: ha estado en Oaxaca y hacen buenas migas. En las noches venideras ése será su destino obligado. Cada vez que él le pide una cerveza mexicana ella le pregunta con gracia

: ¿Homesickness? No, es sólo que la cerveza italiana es una porquería, quisiera responderle. Camina un poco más y se topa con una curiosidad: las oficinas del antiguo Partido Comunista Italiano. Con toda probabilidad Italo Calvino y Umberto Eco se habrán dado cita en este lugar infinidad de veces. Entra a una librería acogedora. No puede evitarlo. Se compra algunas ediciones de Gli Adelphi de las obras de Fleur Jaeggy, la suiza que ha decidido escribir en italiano. Vuelve a la plaza. En el lugar hay una ONG recolectando firmas

: “No God”. Le simpatizan de inmediato. Luchan para frenar una iniciativa de ley de la derecha italiana que prohibiría la inseminación artificial. En realidad en Campo de Fiori se siente mucho mejor que en su casa. Quisiera quedarse allí toda la vida. El lugar, le cuentan, se ha puesto de moda entre los juniors con la pose de “radical chicks”. Las rentas están por los cielos. Un descarado anuncio espectacular de una famosa marca de ropa en pleno centro de la plaza lo demuestra.

La semana que pasa en Roma le parece insuficiente. Se pregunta cuánto tiempo será necesario para conocer esa ciudad caprichosa. Toda la vida, seguramente. Cumple, entre otras, la visita obligada al Vaticano. La opulencia de la Basílica de San Pietro le resulta ofensiva, repudiable. Una institución que presume de humildad regodeándose en un fastuo que él jamás había atestiguado, mientras millones de personas en todo el mundo viven en condiciones infrahumanas. Del museo del Vaticano ni hablar. Las náuseas lo obligan a abandonar ese pequeño nicho de poder. El colmo es cuando llega el mensaje del papa a través de unas gigantescas bocinas. Eso es más de lo que puede soportar. El Foro Romano y el Fori Imperiali, centro de la actividad cívica del antiguo imperio, por otra parte, le resultan imponentes. Lo que alcanza a vislumbrar es apenas una centésima parte del poderío que llegó a tener el Imperio Romano. Lo sorprenden de la misma manera el Coliseo, el Circo Massimo (usado ahora por los tifosi para celebrar las victorias del A.S. Roma), el monumento Vittoriano (dedicado a Vittorio Emanuele III y llamado “la máquina de escribir” por los romanos), la Piazza Venecia (repudiada aún por ser el lugar donde Musolini presenciaba sus gigantescos mítines) y la Piazza Navona (sitio monumental construido originalmente para ser llenado de agua y llevar a cabo batallas navales, en plena ciudad, ante treinta mil espectadores).

El domingo no puede dejar pasar la oportunidad. Él aprendió a patear una pelota con una técnica perfecta antes que a escribir una sola palabra. La Roma jugará contra la Fiorentina. No duda un momento en comprar el boleto, aunque eso le reditué a la larga en recortar sus gastos. En el Estadio Olímpico las herraduras están atestadas por los tifosi. La Raza Romana y otras barras se han instalado con sus pancartas desde muy temprano. No le queda más que comprar un boleto junto al resto de los turistas japoneses. Ellos vienen a ver a Nakata, que milita en la Fiore. El partido resulta flojo. Ninguno de los dos equipos está en su mejor momento, a pesar de que la Roma tiene a Montella y a Totti en la delantera. El verdadero espectáculo está en las gradas. Puede jurar por momentos que el estadio se vendrá abajo con los rugidos, los aplausos, los cohetes y los cánticos de las barras. Más allá inicia una gresca contra los aficionados de la Fiore. Debe intervenir la policía. Se lanzan bengalas y botellas. Abajo un jugador de la Roma es expulsado y el estadio se convierte en un infierno. Él ya se siente para entonces parte de la hinchada. Se sorprende gritando maldiciones en contra del árbitro o tratando de imitar la tonada de algún cántico. Y de pronto se cimbra el estadio. Montella anota el gol que le dará la victoria a su equipo ese día. La multitud arde en júbilo y él mismo es parte de la experiencia. Pocas cosas tan intensas ha vivido como estar en un partido de calcio de la Serie A. No se arrepiente para nada por los cuarenta y cinco euros del boleto. Afuera todos le hacen comentarios del partido en italiano. Mejor no puede estar. Alguien le cuenta un chiste sobre Totti y el incendio de su biblioteca. Ya en el hostal, el encargado lo insulta por llevar la camiseta de la Roma

: aquél es hincha de la Lazzio. La rivalidad es a muerte.

: 03

Los “centros sociales” comenzaron a surgir en los años setentas. Se trata de edificios abandonados generalmente ocupados por indigentes o artistas. Los fines de semana se celebran fiestas donde lo que sobra es el hachís y el alcohol. Ahí se dan cita multitudes a presenciar conciertos de grupos que en otros escenarios serían censurados por sus ideas; lo mismo para pintores, escritores e instaladores de ideas radicales. Uno de los centros sociales más famosos es el Villaggio Globale, ubicado en Lungoterve Testaccio, en lo que fuera el antiguo rastro municipal. Él conoce a una inglesa en el partido de la Roma. Quedan de verse al día siguiente en el Villaggio Globale. Ella resulta ser violinista y tiene un marcado acento de Manchester. Todo va bien. Salen de la fiesta y caminan bordeando todo el Tíber. A la altura del puente del Castel Sant’Angelo ella lo toma de la mano y lo lleva hasta la ribera del río, escaleras abajo. Le pide que se descalce y caminan por el pasto, en plena noche. Estoy en Roma, piensa él, no hay nada que perder. Ambos se tumban en la hierba, abrazados. Ella es hermosa. Su cuerpo es firme y esbelto. Sus cabellos son del color de la paja y sus ojos de un gris que se tornasola con la luz de la luna. Hacen el amor al cobijo del puente sin que nadie los vea. En la madrugada corren de la mano como chiquillos por toda Roma. Están exultantes. La ciudad les inyecta energía. Él regresa a su hostal demasiado tarde. El encargado vuelve a vociferar en contra suya por enésima vez con una quinética de locos y lo echa a la calle. Poco le importa. Pone su mochila como almohada y descansa en una acera helada. Amanecerá con una tos ronca y espantosa.

Luego sucede lo imprevisto. Aborda, como acostumbra, la línea B del metro a horas pico. En la estación Barberini los vagones ya están atestados. Una mujer diminuta intenta entrar a pesar de todo. Comienza a empujarlo con necedad, sólo a él, para abrirse paso. Él da un giro de noventa grados y accidentalmente golpea con el codo a la mujer entre la confusión. Es entonces cuando la ve a los ojos. Ella está aterrada. Jamás había visto a nadie con esa mirada. Le pide una disculpa en italiano. Pero la mujer se escurre entre la compuerta del vagón al momento de cerrarse. Luego, sale corriendo. Él sabe bien lo que acaba de ocurrir. Mira su bolsillo y la cartera ya no está. Ha sido un imbécil. Dejarse robar así por una gitana minúscula... Se lo habían advertido. El viaje terminará antes de lo planeado.

Un día después llama a la muchacha inglesa para verla de nuevo. Ella está por partir. Si quiere despedirse deberá correr hasta Termini. Pero sucede que ese día los trabajadores del metro han emplazado a huelga. ¡Es el colmo! Los autobuses tardan horas. Cuando consigue llegar a Termini llama a su amiga. Entre la agitación, el ruido de la terminal y el acento de la inglesa les resulta difícil darse a entender dónde está cada uno dentro de esa inmensa mole. Él emprende la carrera rumbo a los andenes que van hacia el aeropuerto. Corre con toda su alma hasta sentir que las piernas le reventarán por el esfuerzo. En el fondo sabe que no la encontrará, que no volverá a verla jamás. Quizá todo haya sido un sueño, un hermoso sueño. Quizá también Roma haya sido eso

: un sueño. En los andenes lo sorprende una lluvia constante, dulce y purificadora que lo lavará todo. La primera lluvia desde que está ahí. Sólo le queda musitar un adiós para sus adentros. Su tren está por partir.

© 2005 Tryno Maldonado

laTempestad



: ¡¡a su salú, mi juanito!!






: energizer vs duracell



REUTERS, abril 1.
Ciudad del Vaticano. Un estudio comparativo reciente sobre pilas alcalinas, ha arrojado los siguientes resultados: las baterías Energizer (tamaño AA) rinden hasta ocho veces más cuando son empleadas en aparatos electrodomésticos de alto rendimiento por períodos prolongados de vida, tales como controles remotos, cámaras fotográficas, discmans, dildos, juguetes infantiles eléctricos y, sobre todo, Sumos Pontífices. Por su parte, las baterías Duracell (tamaño AA) demostraron no dar el rendimiento suficiente cuando son sometidas a un uso extenuante y prolongado en los mismos aparatos electrodomésticos y bajo las misma condiciones. La diferencia en el precio, sin embargo es sustancial. Energizer tiene un precio neto 30% más elevado en el mercado que Duracell. Ante esto, mediante un comunicado de prensa publicado el día de hoy, el Vaticano ha reconocido que por ahorrarse unos euros, en los últimos veintisiete años su departamento de recursos materiales sostuvo un contrato en exclusiva con la compañía Duracell. Los resultados saltan a la vista sólo hasta hoy que la comunidad internacional pone su atención en San Pedro. Los electrodomésticos empleados en el Vaticano han ido deteriorando su nivel de desempeño: controles remotos, cámaras fotográficas, dildos, juguetes infantiles eléctricos y Sumos Pontífices en las oficinas de la institución católica-apostólica-romana agonizan hoy sin remedio. Duracell ha externado su preocupación y su condolencias en una carta puesta en internet este mismo día; sin embargo, se deslindan de toda responsabilidad directa, afirmando que sus políticas hacia el usuario son claras: la garantía de vida expira en los primeros veinticinco años de uso.