: electroclash feminista
para partir madres







Le Tigre, "Deceptacon", 2004.







: michael joseph jackson
(1958-2009)























: así funcionan las cosas en conaculta





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Por Juan Carlos Reyna


Virgilio Muñoz Pérez, recientemente designado director del Centro Cultural Tijuana (CECUT), fue aprehendido en 1994 acusado de cohecho, entre otros delitos. Fue señalado por Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos, como traficante de personas mientras fungía como delegado regional del Instituto Nacional de Migración (INAMI). Fue puesto en libertad sin juicio,

El informe titulado INAMI: Viejas formas y nuevos métodos de corrupción, fechado el mismo año, detalla:

“Con el Lic. Virgilio Muñoz... agentes de migración cobran cuotas por grupo de polleros de 250 dólares por turno (son tres turnos). El cobro es adicional al pago de 10 mil o 12 mil dólares mensuales por protección y que ahora se le paga a la delegación regional del INAMI.” De acuerdo a las fuentes del CBDH 10 mil dólares diarios entraron al INAMI de enero a junio, el tiempo que duró Muñoz Perez como delegado. Clark Alfaro, hasta la fecha, sostiene esta versión.

Unos trescientos artistas locales, respaldados por artistas y escritores de trayectoria como José Emilio Pacheco, Daniel Sada, Guillermo Fadanelli y Juan Villoro, exigen su destitución.

El artista visual Marcos Ramírez “Erre” renunció el 12 de junio a montar en dicho espacio una retrospectiva de media carrera. También el fotógrafo y curador Javier Ramírez Limón, organizador la Tierney Fellowship de Nueva York, renunció a sus proyectos con el CECUT. En una carta pública fechada el 8 de junio aseguró estar en “total desacuerdo con las medidas adoptadas por la nueva Dirección, que ha desmantelado al equipo de trabajo... merecedor de toda mi confianza y respeto.”

La presidenta de Conaculta Consuelo Sáizar ha ignorado tres cartas que le han dirigido artistas de prestigio internacional y miembros de la comunidad cultural mexicana. En una de éstas, el ex director del CECUT, Héctor Villanueva, acusa a Sáizar de haber acatado la imposición de Muñoz Pérez, quien es padre del Director de Análisis Político y Medios Internacionales de Felipe Calderón. Villanueva exige también la renuncia de Sáizar, acusando su menosprecio por las protestas.

En esta carta, fechada el 13 de junio, Villanueva le encara: “Usted sabe que fue una imposición inclusive para Usted. Aunque lo niegue... Es una ofensa para Usted, para la comunidad y para el CONACULTA que el Director General del CECUT continúe en su cargo.”

Al solicitársele una entrevista a la presidenta de Conaculta, ésta se negó a darla.

También Teresa Vicencio Álvarez, actual Directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y también exdirectora del CECUT, se negó a que le hiciera preguntas sobre el tema.

Vicencio rechazó mi solicitud luego de que especifiqué que le preguntaría sobre su gestión al frente del CECUT, en especial la relación institucional que sostuvo con el promotor independiente Leobardo Sarabia Quiroz, el apoyo más visible de Muñoz Pérez.

Paloma Ruiz, publirelacionista de Bellas Artes, me dijo que Vicencio ya había declarado todo lo que tenía que declarar respecto al Cecut. Luego de mi insistencia me advirtió que la responsabilidad de la funcionaria en este momento es el INBA, “a lo que está dedicada de tiempo completo”; por lo tanto, hablaría sólo sobre “temas relacionados con su responsabilidad actual.”

Según datos comunicados por funcionarios y ex funcionarios cercanos a la ahora directora del INBA, ésta pagó, como mínimo, 50 mil pesos a Sarabia Quiroz por al menos un proyecto de investigación inexistente. Pero se mencionan otros.

El proyecto nunca fue presentado públicamente. Y resulta paradójico que Vicencio, a través del Centro Cultural Tijuana, haya entregado fondos públicos a Leobardo Sarabia, que ha sido su principal opositor, además de que la comunidad en Tijuana nunca se enteró de esa entrega de dinero y del supuesto proyecto, que el propio Sarabia, en entrevista, admitió no haber terminado. Sí aceptó haber recibido el pago, lo cual evidencia la grave irregularidad y un caso, que podría no ser aislado, de utilización de fondos públicos para arreglos personales fuera de lo institucional.

Sarabia Quiroz dirige el Festival de la Ciudad, un evento que, a pesar de su poca relevancia en el ámbito local, cuenta con un presupuesto de 2 millones de pesos subvencionados, en gran parte, por Conaculta. La administración de estos fondos nunca se han transparentado públicamente, pero en Tijuana muchos artistas y promotores creen que este festival no justifica, en ningún sentido, su presupuesto.

A continuación presento una radiografía de estas 4 figuras de poder de la política cultural mexicana.







: michael joseph jackson
(1958-2009)








"Smooth Criminal", Alien Ant Farm, 2001.








: zizek sobre el amor









Imaginemos que sufro un impulso pasional, me he enamorado de otro ser humano, y declaro mi amor, mi pasión, por él o ella. Siempre hay en esto algo de perturbador, violento. Puede parecer una broma, pero no hay nada de ello: no se puede emprender un juego de seducción erótica de modo políticamente correcto. Hay un momento de violencia; cuando se dice: 'Te quiero, te amo'."

-Slavoj Zizek





: michael joseph jackson
(1958-2009)





















: no age




A No Age sólo le bastó guitarra (Randy Randall, L.A., 1981) y batería (Dean Allen Spunt, L.A., 1981) para rifarse con uno de los mejores discos del año pasado firmado por SubPop: Nouns, que oscila entre la dureza de la vieja escuela del hardcore con la sofisticación de los gadgets del shoegaze. Ésta es mi rola favorita, que escucho en estos días: "Teen Creeps".





"Teen Creeps", 2008.







: reprise 
(o sobre el amor y la literatura 
profilácticos en nuestra generación)




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Se vuelve un tanto complicado postear cuando no hay dinero ni conexión a Internet y las preocupaciones de uno no pueden ser ya leer a Hemingway ni a Conrad, sino pagar las rentas atrasadas del departamento y la luz. En fin. Aquí va un rapidito para no perder la costumbre. 

Pasé por el DF de vuelta de una presentación de libro en León y otra en Pachuca. Me gusta ir al cine Lumiére de Reforma porque nunca hay gente, las salas son para muy pocas personas y porque (cosa de agradecerse) no te tratan de robar endilgándote un refresco y unas palomitas de 80 pesos. Soy un analfabeta funcional cuando se trata de cine, pero en esos cines en particular creo haber pasado buenos ratos y visto buenas películas. Tal fue el caso de Reprise, un filme noruego del director danés Joachim Trier (Copenhague, 1974) estrenado este mes en nuestro país. Reprise habla sobre dos novelistas wannabe de veintitantos años. Sobre eso y sobre lo otro, lo verdaderamente importante: el sexo. Lo demás, todo eso que no sucede entre las sábanas y que no implica el intercambio de fluidos entre dos o más personas, puede ser reducido meramente a “política” (incluida la literatura).








El concepto de amor de pareja es maleable, se adapta al espíritu de una época según lo requiera en turno el sistema hegemónico. Una de las grandes confusiones de nuestro tiempo ha sido la de entender al amor como el suceso pedestre de una persona que se une a otra para paliar la apabullante soledad de nuestro siglo, que de otra forma sería intolerable. La idea conyugal de espíritu en equipo y de tolerancia mutua, como dos empleados trabajando eficiente y mansamente para una empresa, es relativamente nueva y la engendró el capitalismo para justificar y promover un boom mercantil, los principios de competencia y de acumulación a partir de ese núcleo. De la misma forma que en el período de entre guerras que alentó un baby-boom, se tenía la ilusión de que la clave para un buen matrimonio estribaba en las apropiadas técnicas sexuales y la consiguiente satisfacción de ambas partes, idea que alimentó la óptica de un pujante nuevo mundo, técnico e industrializado. Al concluir la Primera Guerra Mundial, el espíritu del capitalismo viró y con él, por supuesto, el del amor: del énfasis en ahorrar al énfasis en gastar, de la autofrustración como puente para el éxito económico al consumo como principal satisfactor para el individuo angustiado. En lo sexual como en lo material (Freud trabajando para el capital y el patriarcado) la clave era no postergar la satisfacción de ningún deseo: coger, consumir. No es de extrañarse que en la actualidad los siconalistas tengan saturados sus consultorios con pacientes que se sienten culpables por no gozar (consumir) lo suficiente. 

Erik y Phillip son dos jóvenes de 23 años que intentan iniciar una carrera en las letras. A diferencia de la de sus padres, la revolución sexual de esta generación no tuvo como armas las ideas de Marcuse ni la pastilla anticonceptiva, sino algo mucho más soso y patético: una sicosis profiláctica mundializada encapuchada en un condón, y el Internet. Una generación acostumbrada a no ensuciar sus cuerpos, una generación vuelta cyborg. Phillip, limpio, fashion y guapo, se nos hace ver, tiene mucho talento. Erik, no. Phillip, se nos hace ver, es azotado, es un Rimbaud en potencia, se auto-lacera (siguiendo a Zizek, sólo el compromiso con la auto-destrucción demuestra la pasión por lo real, la pasión por el sujeto inherentemente político, por vivir auténtica y completamente en un mundo que tiende a igualarlo y a edulcorarlo todo) como buen “emo” (si el existencialismo de la Europa continental devino postmodernismo, el punk devino por fuerza emo: por eso el odio de los primeros a los segundos, porque se reconocen en ellos). Erik, no. Pero, más allá de los pretextos meta-literarios, ambos sostienen sus respectivas relaciones heterosexuales, monogámicas, de clase media-alta, tormentosas (el patriarcado y el sistema neoliberal "bendijeron" a esta generación con la liberación de los mercados, pero a cambio nos cerraron las puertas del libre intercambio sexual de nuestros cuerpos con el pretexto de una campaña profiláctica y moralina: de pronto la monogamia es de nuevo cool). Erik y Phillip son niños bien de familias liberales y cultas que sueñan con dedicarse a escribir novelas y vivir de ello. Ambos leen a autores rarísimos en su propia tradición (tradición de por sí rarísima: como a un tal Sten Egil Dahl, trasunto cinematográfico del real Tor Ulven, escritor noruego huraño y convertido en su propia leyenda, como J.D. Salinger). Y ambos, Erik y Phillip, escuchan mucho punk y, sobre todo, a Joy Division porque ahora lo chic es ser anti-chic. "No nos gusta The Clash porque en el fondo está sobrevaluado".

Al tiempo que apuestan todo en sus ciernes como escritores, Erik y Phillip se esfuerzan por mantener a flote sus respectivas relaciones amorosas, no sin dificultades; y quizá sea en esa noción capitalista de trabajo en equipo o de fusión empresarial monogámica, de tolerancia, de ceder mutuamente, donde el amor de pareja ha encontrado su estrepitoso derrumbe y su volatilidad para mucha gente de nuestra generación, parece insinuar apenas Joachim Trier. El neoliberalismo, con su crisis, no sólo jodió la economía del mundo entero, sino que desde las economías más débiles (como la nuestra) hasta las más pujantes (como la noruega), se llevó la concepción tradicional de amor al carajo. Y quizá de paso a la literatura. El amor de pareja como lo conocíamos está muerto. ¿La literatura? No sé. Phillip, el más talentoso, salvaje y rebelde de los dos amigos, con un futuro brillante en las letras, no volvió a escribir un libro en toda su vida. Erik, sí.