28.5.06



: reforma educativa




Si hay un pasaje nebuloso en mi vida del que a duras penas pueda recordar algo es éste: mi paso por las aulas de la escuela secundaria. Se trataba de una secundaria pública federal y créanme que no uso una hipérbole efectista cuando digo que no recuerdo una sola cosa que se suponía que debí haber aprendido en ese lugar, durante los tres años completos. De veras. Cuando entré a la preparatoria esto fue un duro revés: era un alumno destacado de una escuela pública becado por una escuela particular por su supuesta brillantez, que fue a toparse con la cruel realidad de que no sabía un pepino de nada. No tenía puta idea de nada. No conocía la tabla periódica de elementos químicos, no sabía resolver una ecuación de primer grado, no tenía ninguna noción de la historia de México, no podía articular una sola oración en inglés, y sobre todo (lo más duro de aceptar para mí y que sólo puedo reconocerlo ahora a la distancia), es que cuando leía un texto o un libro entero, al finalizarlo me quedaba en la completa oscuridad: ¡no podía entender ni una sola idea de esas decenas y decenas de páginas que desfilaban delante de mí! Mi nivel de compresión de lectura era un caso perdido, y me frustraba mucho, pues ni siquiera podía identificar de dónde venía mi problema. Dislexia no tengo. ¿Entonces? Creí que era un idiota y que me había estado engañando todo ese tiempo, que había engañado a todo mundo con mis altísimas calificaciones en las escuelas públicas. Incluso algún profesor en la prepa llegó a decirme que yo era un caso perdido redactando textos, que buscara una carrera técnica o algo así. (Eso puede constatarlo el Pire o cualquiera de mis amigos). Y de la misma forma, mi primer semestre de Computación lo reprobé con un rotundo 3 en la boleta: jamás en mi vida había tocado antes una computadora (en mi primaria el gobierno surtió computadoras y televisiones a lo imbécil para presumirlo en sus estadísticas, pero ningún profesor sabía encenderlas siquiera y todas se quedaron en bodega). Etcétera. Lo más curioso es que mi promedio final en la primaria fue de 10, y en la secundaria fue de 9.2. ¿Cómo lo hice? Todavía me lo sigo preguntando. Y honestamente sigo pagando hasta la fecha el costo de esa educación tan mediocre y defectuosa que recibí en las etapas básicas. Continúo trabajando muy duro por mi propia cuenta todos los días para resanar esos profundos y oscuros huecos de información.

El día de ayer, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo 384 de la Secretaría de Educación Pública impulsada desde el 2003 por el gobierno del señor Vicente Fox. Dicho acuerdo, que entrará en vigor a partir del próximo ciclo escolar y al que la mayoría de los intelectuales y pedagogos se opusieron rotundamente, tendrá aplicación obligatoria en todas las escuelas secundarias públicas de México. El acuerdo consiste en una reforma sustancial a el nivel secundario de educación. Se suprimen cuatro de las once materias del ciclo escolar. Esta reforma obligará a las escuelas a reducir considerablemente las horas dedicadas a la enseñanza de la Historia, la Ética y el Civismo, eliminándolas del tercer grado escolar por completo. (La Historia Precolombina y de la Colonia, qué disparate, serán vistas apenas de soslayo). Geografía queda reducida a un solo año. Química, Biología y Física quedan comprimidas quién sabe cómo a una sola materia llamada Ciencia, como en la más vieja época del PRI, cuando se llamaba “Ciencias Naturales”, recuerdo perfectamente. La Educación Ambiental, Formación de Valores, Educación Sexual y Educación de Género (materias claves para la formación de ciudadanos sensibles y tolerantes ante lo diverso y hacia sus semejantes) ya no existirán como materias, sino que serán impartidas apenas tangencialmente dentro de otras. Pero el logro más grande de esta obtusa y rancia Derecha Panista con esta reforma educativa es el siguiente, lean con mucha atención, por favor: la Educación Tecnológica, la Educación Física y la Educación Artística han sido eliminadas del plan de estudios de un tajo. Así nada más.

¿Cuál es la intención de esta reforma retrógrada? No quisiera pensar que sea la de educar a generaciones de ciudadanos y ciudadanas sensible e intelectualmente mutilados, que no puedan elaborar una visión crítica de su realidad y de los procesos sociales, personas dóciles y maleables, insensibles a su historia y a su mundo, pero listas para incorporarse sin chistar a la dinámica del mercado de cualquier manera. Me ganaría la rabia y la frustración que siento en este instante, por lo que prefiero no ahondar sobre esta atrocidad, ni sobre las consecuencias que esta reforma traerá para nuestro país (ya de por sí carente de ideas científicas y nulo desarrollo tecnológicas, desconocedor de sus historia y con una salud pública paupérrima que incluyen altísimos índices de obesidad, desnutrición y malnutrición --esto último con referencia a la suprimida Educación Física--). Sólo quiero aprovechar para hacer manifiesto mi repudio por esta clase de decisiones y por la completa estupidez e insensibilidad de este gobierno de derecha. Si el 2 de julio Felipe Calderón (poco menos que un mercachifle analfabeta, aunque la izquierda y el PRD no se quedan atrás: Zacatecas, estado perredista, ocupa el último lugar en comprensión de lectura y matemáticas a nivel básico), si Felipe Calderón y el PAN, salen triunfantes en las elecciones, juro que yo me largo de aquí para irme a lavar platos en algún sucio restaurante de Brooklyn o de East L.A., como otros tantos cientos de miles de zacatecanos, para volver sólo cuando considere que tenga herramientas sólidas para incidir de manera efectiva en el rumbo de este país, directa o indirectamente, a cualquier nivel y desde cualquier trinchera. Es una promesa que me hice ayer por la madrugada mientras platicaba con Rokyi. Lo siento.