30.6.06




: entrevista a maría renee prudencio



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Hace unas semanas mi carnal César Albarrán me asignó una tarea para su revista, Cinepremiere. Hacer una visita al set de la película producida por María Novaro filmándose en Zacatecas: Quemar las naves, la ópera prima de Francisco Franco, director de teatro conocido por obras como Calígula probablemente, Un tranvía llamado deseo, así como adaptaciones de obras de Paul Auster y Raymond Carver. Con gusto acepté. De las cosas que más disfruté en los días que estuve como testigo de filmación (además de conocer a la actriz Irene Azuela, claro, que ya debe haberse olvidado de mí a estas alturas), fue la entrevista que le hice a la actriz María Renee Prudencio, quien además es la co-guionista de la cinta. Aquí les paso un fragmento con la versión estenográfica de la conversación que tuvimos.

Ernesto (mi amigo fotógrafo) y yo nos encontramos en las afueras del set de filmación. El sol nos ha estragado los restos de paciencia luego de un par de horas. El cine, desde fuera, es bastante tedioso. Una escena, apenas un minuto dentro del largometraje, puede repetirse y repetirse hasta el infinito si el director lo considera necesario. De pronto Óscar Uriel (el productor asociado) me llama y me dice en voz baja: “Es tu día de suerte, hermano”. Una muchacha de estatura media, de cara pecosa, de treinta y tantos años, se acerca a nosotros. Viste unos jeans deslavados y apenas una camiseta. Pasaría perfectamente desapercibida en cualquier otra circunstancia. Lleva unos lentes de sol enormes, la cabellera rubia revuelta y toda la apariencia de haberse bajado del avión hace un rato. Óscar Uriel me presenta a María Renee Prudencio y luego nos deja a solas (eso no estaba en el guión). Mal conversador como siempre he sido, mi nerviosismo no puede ser más evidente, pero ella se encarga de abrir la charla. De cualquier forma entre los dos hay una barrera infranqueable que debe ser cosa de todo encuentro profesional. No lo sé. Jamás había estado en esta situación. En cambio ella debe estar más que habituada a esto y ante sus ojos no debo ser otra cosa que un periodista que está tratando de ganarse el pan (en buena parte lo soy, pero más bien uno triste e improvisado: ni siquiera sé usar la grabadora y mis entrevistas se vuelven pronto un desastre). Tartamudeo cuando me sale la primera pregunta y mi grabadora tiembla. Buscamos una sombra bajo algún árbol, alejados del ruido. María Renee, aunque es de carácter serio, se porta de lo más accesible. Me ofrece un Camel, pero le digo que tabaco no fumo. Entonces sonríe por primera vez.

Tryno Maldonado: Ha habido grandes generaciones --como la de Mauricio Magdaleno-- y notables escritores --como Vicente Leñero y el propio Rulfo-- que han apostado por el guionismo. ¿Qué pasa actualmente con el guionismo en México?

María Renee Prudencio: Yo creo que estamos en una etapa de crisis. Creo que hay grandes escritores, pero pocos canales para la producción. La escritura y el arte tienen mucho que ver con el momento político y social, y como estamos en un momento donde de pronto la identidad está muy desdibujada, confusa o polarizada, eso se refleja en la creación y en la producción artística. Estamos en un momento de silencio, para escuchar, reinventar y volver a escribir.

TM: Tengo entendido que la trama de Quemar las naves es sobre la ruptura con la infancia, con el fin de la inocencia, y la transición a la edad adulta. ¿Qué está pasando en el cine mexicano? ¿Por qué se abordan tantos temas de juventud? ¿Hay una suerte de “empoderamiento” de los jóvenes en el cine nacional?

MRP: Por un lado sí hay un empoderamiento de los jóvenes, y por otro lado también es un reflejo de nuestros procesos como países latinoamericanos, que estamos recién entrando en una adolescencia. Creo que hay una sensación general de estar abandonando nuestras infancias políticas. No sé qué tanto tenga que ver todo eso en realidad con que se estén produciendo películas (risas). Pero creo que es un boom a partir de Y tu mamá también y de todas esas historias; de repente nos dimos cuenta de que el público joven es un público al cual le tenemos que hablar y que no es sólo discurso sobre la identidad folclórica o social, sino que hay parte de nuestra historia que no hemos tocado: nuestra juventud.

TM: Está visto que las políticas paternalistas y corporativistas simplemente no funcionan para hacer despegar al cine. ¿Cuál crees que debe ser la postura del Estado para detonar la industria cinematográfica?

MRP: Lamentablemente en México no estamos en un punto donde se pueda lanzar absolutamente al cine hacia la industria privada porque no hay una cultura de la inversión; los mercados no está suficientemente fortalecidos para que puedan subsistir sólo de taquilla. Creo que el Estado sí tiene un deber de fomentar la cultura y el arte, hasta que se puedan sostener solo, permitiendo libertad a los artistas. Tiene una responsabilidad total de generar un espacio de discusión.

TM: ¿Fue deliberada la elección de Zacatecas al momento de escribir el guión o fue circunstancial? ¿La ciudad de provincia, su candor y estrechez de miras, son una especie de metáfora para el enclaustramiento en que viven los protagonistas?

MRP: Son las ciudades de la infancia de Francisco (el director de la cinta), y metafóricamente las ciudades de la infancia de todos nosotros: esta cosa atávica, anacrónica, mocha, religiosa, colonial, que todavía sigue apresándonos a muchos de las generaciones de treinta para arriba. Pero sobre nuestras generaciones hay un peso de una visión hegemónica de nuestra adolescencia. Esta ciudad, por su arquitectura, por la evidente presencia de lo colonial en lo cotidiano, era una metáfora visual muy inmediata.

TM: Y ya que hablas de generaciones, ¿qué crees que le toca a tu generación aportar a la tradición artística de nuestro país?

MRP: Nosotros somos los observadores; no somos los críticos, no somos los revolucionarios. Parecería que estamos en una eterna crisis adolescente. Somos los observadores del desazón. Creo que a la larga va a ser importante esta visión, cuando tengamos la distancia para contemplarla va a ser un momento muy interesante.

TM: Muchas gracias, María Renee.

MRP: Al contrario. Un placer.