25.7.06




: flash mobs



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La primera vez que escuché hablar de un weblog fue hace cosa de cuatro años, pero de forma indirecta y circunstancial. El suceso corrió por toda la red, e incluso por varias televisoras internacionales. Se trataba del primer flashmob del que yo tenía noticia. Una multitud de gente se había dado cita en un centro comercial de Estados Unidos de manera totalmente anónima y súbita a una hora acordada, previa convocatoria a través de posts de weblogs en Internet. El aviso reunió a más de un centenar de personas que nunca antes se había visto las caras. El objetivo común y preestablecido, no era otro que tirar al suelo un dinosaurio de más de cinco metros de altura que servía como promoción de alguna marca comercial. La conglomeración operó como un enjambre de abejas asesinas, ágil y cien por ciento eficaz. En menos de un minuto, el piquete de cibernautas consiguió su objetivo, derribar el enorme monstruo de fibra de vidrio, y así, con la misma celeridad que se había reunido, consiguió esfumarse en instantes sin dejar rastro. Ni los guardias ni las autoridades pudieron hacer nada, mas que observar con la boca abierta la efectividad de la jauría para reunirse, operar y luego dispersarse, todo en alrededor de un minuto. El o los culpables originales no pudieron ser rastreados. Cualquiera desde una computadora pública pudo haber dado de alta su blog y postear de manera abierta la convocatoria. El mismo fenómeno pude verlo tiempo después. Pero en esa ocasión el objetivo del flashmob fue una tonta guerra de almohadas en las afueras de un Sears de Toronto.

A pesar del trasfondo cándido e inofensivo de estos dos sucesos, los alcances y el impacto social que este tipo de mítines podrían alcanzar me dejó con la boca abierta. Las posibilidades rebasaban con mucho mi imaginación. Y no pasó demasiado para que pudiera comprobarlo: en diciembre del 2004 se realizó en Rumania un flashmob frente a la mayor televisora nacional, a manera de protesta por la censura que ejercen los medios masivos en ese país. La gente llegó al lugar convocada por internet, se tapó la boca con cinta adhesiva, comenzó a trotar en círculos frente a la puerta de la televisora y en instantes se diseminó de nuevo. Pero si de impacto social se trata, no hay que dejar de mencionar el papel decisivo que tuvieron los flahsmobs coordinados a través de teléfonos celulares para la caída del presidente filipino José Estrada en el 2003.