29.10.06



: oaxaca [p.03]




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Seis aviones Boeing y varios helicópteros
de la PFP descendieron a lo largo del día de ayer en Oaxaca.



Durante lo que va de este año Oaxaca se convirtió para mí y mis compañer@s del Taller en una especie de segunda casa, y creo hablar por todos al decir que a lo largo de estos meses hemos estado en suspenso, consternados y llenos de una profunda indignación, no sólo por nuestros queridos amigos oaxaqueños, sino por el trance que está viviendo todo el pueblo de Oaxaca. El conflicto que parece hoy estar a punto de tocar su nivel de mayor algidez, pudimos verlo iniciar frente a nuestros propios ojos y atestiguar cómo se fue convirtiendo por la insultante ineptitud política de los dos niveles de gobierno (tanto del estatal representado por un cínico Ulises Ruiz, que no deja de fingir demencia aun a estas alturas, como en el federal, representado por un pusilánime Vicente Fox, que se había lavado las manos) en el foco rojo nacional que es ahora.

Lo vivimos mes con mes, desde el día en que bajamos del autobús y encontramos el centro histórico nimbado de lonas y casas de campaña, pasando por los días en que paulatinamente desapareció la policía y se esfumó el gobierno de la ciudad, así como por las noches en que nos era imposible el tránsito sin una identificación entre las barricadas del centro histórico levantadas por la APPO, entre edificios coloniales devastados y pintados con consignas, hasta el día en que vimos cómo se incendiaba frente a nuestros ojos el auditorio de la Guelaguetza, o el día que sin más la radio fue tomada para adoctrinar al pueblo con arengas que citaban con el mismo desenfado a Marx que la Biblia, o el día en que Laia y yo nos detuvimos ante una casa de campaña del centro donde si uno quería le enseñaban cómo fabricar máscaras anti-gases con botellas de coca-cola y bombas molotov, o el día en que vi a las orillas de la ciudad camionetas llenas de gente furiosa en una persecución que precedió a un linchamiento, al estallido de balazos más allá y minutos más tarde a una mujer al borde de la crisis de nervios que subí a mi taxi y que me relató con detalle todo lo que había ocurrido, el mismo día en que mi autobús fue detenido por miembros de la APPO obligándome a bajar y caminar con la maleta hasta San Agustín Etla mientras alguien comenzaba a grafitear sobre una señalización que indicaba el "Fin de la Carretera Federal" la consigna esforzada por un presagio: "Comienza la Revolución". En fin. Todo lo que hemos visto y vivido en Oaxaca es en verdad nada en comparación a lo que han debido pasar nuestros amigos y amigas y los demás habitantes de la capital oaxaqueña.

El día de ayer, a más de ciento cincuenta días de iniciado el conflicto, el Gobierno Federal comenzó a enviar a centenares de elementos de la Policía Federal Preventiva, helicópteros, aviones, tanquetas, tractores y cañones de agua para supuestamente "restablecer la paz y el orden" en Oaxaca, lo mismo han hecho elementos de la Armada de México. A falta de habilidad e inteligencia para haber entablado el diálogo y encontrar una solución pacífica durante casi medio año, parece que ésta es la mejor manera que nuestro patético gobierno (y con él los sucios cotos de poder partidistas que han estancado una solución viable) tiene para arreglar este tipo de conflictos sociales y políticos. Una cosa está más que clara: en Oaxaca no debe ser violado ningún derecho fundamental, ni debe derramarse ni una sola gota más de sangre a partir de hoy, tal como nunca debió haber ocurrido. Si eso sucede, toda la ciudadanía sabremos cobrárselos muy caro a quien resulte responsable.