8.3.07




: bread and roses



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La mayoría de nuestros finísimos y cultos políticos siguen creyendo que el Día Internacional de las Mujeres es un día para hacer festivales en las plazas municipales con Martín Urieta (vate por excelencia de la mujer, según algunos) o Paquita la del Barrio (defensora a ultranza de las mujeres, según otros), organizar conferencias "magistrales" impartidas por la actrices de telenovelas Margarita Gralia o Rebeca Jones (como hace el PRD en Zacatecas, se los juro), o para regalar planchas o licuadoras, o invitar a comer a las madres, a las esposas, a las novias, las hijas, a las tías...

Sin embargo, el origen de esta fecha es muy distinto al que pudiéramos creer y va mucho más allá de una celebración ramplona. Recordar es el verbo capital en este día. El 8 de marzo de 1854, 40,000 mujeres neoyorkinas, obreras de la industria textil, se declararon en huelga para reivindicar una jornada laboral de 12 horas en lugar de las 16 que venían haciendo. El 8 de marzo de 1908, las trabajadoras de esta fábrica de Cotton de Nueva York se declararon en huelga y se encerraron en la empresa, exigiendo mejores condiciones de trabajo. El empresario dueño de la textil provocó con dolo un incendio en el que murieron abrasadas 129 trabajadoras. Dos años después, en el mes de agosto se celebró en Copenhague la 2ª Conferencia de Mujeres Socialistas, en la que a sugerencia de Clara Zetkin y en recuerdo de las 129 trabajadoras neoyorquinas y la lucha de todas las mujeres por mejorar su condición de vida, se aprobó que el día 8 de marzo fuera Jornada Internacional de la Lucha por los Derechos de la Mujer y la Paz. Al año siguiente, estas jornadas se celebraron en Alemania, Austria, Suiza y Dinamarca, y paulatinamente se fueron universalizando.

De un libro de mi querida Francesca (Ideas feministas latinoamericanas, UACM, segunda edición, 2006), saco lo siguiente, muy a propósito:

“En su búsqueda de la igualdad de derechos, las mujeres organizadas han sido ridiculizadas, menospreciadas, asesinadas. Pero desde hace una década, parecería que la igualdad está al alcance de las mujeres. Personajes cinematográficos de mujeres peleadoras, amazonas en la televisión, ministras de Estado, presidentas de corporaciones financieras: la imagen está creada. Pero no, la universalidad les está vedada; su diferencia sigue visualizándose como contingente, anecdótica, no constitutiva de la humanidad”.

Tomemos entonces como pretexto este día para elaborar un ejercicio autocrítico, para volvernos sensibles ante una la posibilidad de una visión de un mundo plural, tolerante, diversa e incluyente, donde tanto hombres como mujeres gocemos de los mismos derechos y las mismas oportunidades a partir del reconocimiento y el respeto de nuestras diferencias. Ante la posibilidad de un mundo donde las mujeres no sea subordinadas, discriminadas, cosificadas o vueltas objeto de violencia de cualquier tipo por su mera condición de mujeres. Hagamos este ejercicio y repitámoslo todos los días, no sólo hoy.


¡ALTO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y A LA
IMPUNIDAD EN
LOS FEMINICIDIOS DE CIUDAD JUÁREZ!