: bom dia camaradas



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Casi inmediatamente después de haberse independizado de Portugal, en 1975, en Angola se desató una guerra civil entre los grupos MPLA, UNITA y la FNLA, con intervención de gobiernos extranjeros durante la Guerra Fría. Por un lado Sudáfrica y Estados Unidos, y el por el otro la Unión Soviética y Cuba, cuyas tropas vencieron a la FNLA. Dentro de este contexto de tensión, precariedad, inestabilidad e incertidumbre, Ondjaki (Luanda, 1977) crea en Bom dia camaradas la voz de un niño que a narra su vida cotidiana en la Luanda, capital de Angola, con una percepción y una voz extrañamente atentas, lúcidas y sensibles en un narrador tan joven.

Con gran acierto de Ondjaki no escinde entre víctimas ni victimarios, ni se solaza en el resentimiento ni la rabia de los colonizados, ni mucho menos en una facilona conmiseración por la miseria ni por la injusticia de Angola en las que fácilmente pudo haber caído otro en su lugar (pienso en varios autores mexicanos). No, aquí hay vitalidad y encanto por la vida y por el hecho cotidiano de estar vivo en la voz de un niño que lo ve todo por primera vez, con infinito asombro. Su amistad con el Camarada Antonio, un viejo intendente, la nostalgia y los episodios cargados de un humor cándido como contrapeso a la constante amenaza de la violencia cotidiana en la escuela y en las calles, la guerra como un elemento “natural” del imaginario infantil (las charlas diarias discurren entre quién ha disparado la AK 47 de un tío), el fin de su educación primaria y su relación con los profesores cubanos, la próxima entrada a la adolescencia, las despedidas y la muerte del Camarada Antonio, entablan un sutil paralelo simbólico y entrañable con los procesos intestinos de su país, terminando en la salida de la Unión Soviética y Cuba para realizar sus primeras elecciones internas. Ondjaki es un autor que sabe enclavar los significados en su territorio sin dejarlos expuestos como un campo minado.



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Bom dia camaradas está conformada por episodios cotidianos repletos de sutilezas. Una charla con el viejo Camarada Antonio mientras él prepara el desayuno antes de que el niño parta a la escuela; la visita de una tía que viene de Portugal y cuya visión del mundo contrasta con aquella en la que ha crecido el niño y donde se necesitan cartillas de racionamiento para poder tener acceso a un triste chocolate; el terror latente, el temor del niño en el episodio en que la tía se niega a bajar del coche ante la caravana presidencial y correr ambos peligro de muerte; una fiesta de cumpleaños donde los invitados se dan un atracón de su vida con el pastel sin siquiera felicitar antes al festejado ante la carencia del país; la amenaza de un grupo de vándalos armados con AK 47 que acostumbra saquear escuelas públicas con su consecuente leyenda urbana y una psicosis colectiva en la escuela primaria; el desfile y la parafernalia del Primero de Mayo, donde la figura presidencial es tratada casi como una deidad; los exámenes finales y la despedida de los profesores cubanos que abandonarán pronto el país; la muerte del Camarada Antonio, etc. Todo lo aparentemente nimio, en este libro, en fin, se vuelve entrañable.

En Bom dia camaradas hay algo que muy rara vez puede hallarse dentro la literatura internacional joven de nuestros días: una voz honesta y sensible que puede percibir el mundo con todos sus colores, texturas, sensaciones, sabores, los finos hilos con que están tejidas de las relaciones interpersonales... El campo semántico, el lenguaje infantil y su imaginario, terminan creando la pinza que cierra y engarza cada anécdota de una manera estupenda. El lenguaje lúdico y las peculiaridades del idioma portugués intervenido por los colonizados, los angoleños también es un elemento vivo en este libro y se vuelve un protagonista.

Hay aquí un narrador joven cuyo talento le permite darse el lujo de detenerse a narrar las cosas sutiles y pequeñas que conforman lo cotidiano (“en las cosas pequeñas se concentran las cosas grandes de la vida”, dice el protagonista) para crear con ellas literatura de gran envergadura. El reto mayor de todo escritor, ponerse y poner al lector en la óptica del otro, percibir las cosas desde otro estar en el mundo, está logrado con creces por Ondjaki. La aparente ingenuidad y economía de recursos estéticos y formales con que está narrada la novela no son más que las herramientas más caras y lúcidas de este narrador brillante dueño de un estilo único e irrepetible que sabe manejar los ritmos y los silencios como vehículos expresivos. En Bom dia camaradas hay, en fin, un narrador joven que despliega una energía tremenda y que es evidente que está encaminado en esa búsqueda por una voz auténtica y personal.

Está claro que Ondjaki se convertirá en uno de los escritores africanos que darán más de que hablar en los próximos años.