23.1.09



: stress





"Stress", Justice, 2008



Una amiga que se dedicó a hacer algunas de las campañas más polémicas en México para varias marcas, me contó hace tiempo de una estrategia --o anti-estrategia-- de mercado a muy bajo costo llamada “guerrilla marketing”. Este tipo de promoción que han utilizado grandes marcas --como Nike, para no ir más lejos-- se apropia generalmente de formas de manifestaciones y de arte antes propias de la contracultura, como el tagging, carteles, esténciles y otros tipos de intervención callejera. Justice, el dúo francés de dance-punk, empleó una suerte de “guerrilla marketing” muy violento durante el año pasado. La pieza fundamental y más polémica de la promoción underground de su disco (o Cross, pues), fue el video de la rola “Stress”, dirigido por el cineasta Ramain Gavras (París, 1981). Este video fue filmado expresamente para circular en Internet, pues Gaspard Augé y Xavier de Rosnay (los miembros de Justice) sabían desde el principio que los canales de música en Francia y en otros países se negarían a incluirlo en la programación por la violencia de su contenido. Y así fue. Sin embargo, a pesar de sus pretendidas intenciones de desmarcarse del circuito del mainstream, durante el documental se observa a los chavos llevando las chamarras de cuero con el logo de Justice en la espalda: las mismas que comenzaron a venderse como parte de la línea de ropa que la banda lanzó en esos días.



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El formidable cortometraje de Romain Gavras expone un tipo de violencia latente en Europa. Gavras, se dedicó a seguir con cámara en mano a una pandilla de adolescentes de los suburbios de París durante un tiempo. En este caso una violencia cruda que no tiene otro fin más que a sí misma, despojada de ideologías, de motivos, y que me recuerda bastante al tipo de violencia bruta perpetrada al azar en las calles por el grupo de adolescentes austriacos de clase media en Los excluidos, la novela de Elfride Jelinek, igual o más violenta que el video.

“Este videoclip no tenía como objetivo estigmatizar a los suburbios como una incitación a la violencia, tampoco quisimos ser un medio para difundir un mensaje racista. Con esta libertad creativa que tomamos vienen riesgos: ser mal interpretados, incluso etiquetados. Éramos conscientes de que el clip estaba sujeto a controversia. No imaginábamos que el debate iría tan lejos, que tendríamos que justificarnos por temas tan graves”, declararon Augé y De Resnais. “Siempre dejamos que el espectador fuera el que escogiera si lo quería ver o no, sin jamás orientar su pensamiento. Siempre partimos de la idea de que nosotros somos un grupo que se hace del arte y de la diversión.”