22.8.09




: betty





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Honestamente. Hay de veras muy pocas cosas que se requieren para escribir. Quien les diga otra cosa, les estará mintiendo. Un teclado o un lápiz. Café. Y un lugar limpio y bien iluminado. En el rincón de mi departamento donde escribo, tengo esta pintura de Richter en versión de postal que salió de la tienda de la Serpentine de Londres. Es de las pocas cosas que necesito para escribir. Como un amuleto o un fetiche. Está clavada con una tachuela al caucho donde cuelgo mis pendientes (que normalmente nunca cumplo). La veo todos los días, desde que me levanto, mientras alimento la úlcera con una taza de café e intento pegarle al teclado para sacar un par de líneas decentes de la nueva novela (cosa que rara vez consigo). Betty me intriga desde que la vi. Se supone que la modelo es la hija del propio Gerhard Richter (Dresden, 1932), Betty Richter. Puede que no, o puede que mientras alguien delinea un personaje en una novela, éste posea ciertas descripciones de su aspecto externo o de algunos otros artefactos descriptivos prescindibles. En la novela actual un sesgo así es un accesorio o un capricho. Diría que Betty está en las páginas de la novela que escribo ahora.