2.9.09




: deseo de ser punk




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La séptima novela de Belén Gopegui (Madrid, 1963) es punketa: Deseo de ser punk, Anagrama, 2009, 192 pp. Algo le ocurrió a Martina el 4 de diciembre. Desde entonces busca la furia, la actitud o cualquier otra cosa que le permita no traicionar su código. Tiene dieciséis años y ningún lugar al que pertenecer, pero encuentra en el rock el principio de una historia mientras Alice Cooper la mira desde el tejado, cuando el punk es un estado de ánimo y herirse no significa dar la razón a los responsables de todo esto sino, al contrario, decir que existen quienes no temen perder algo para poder vivir.



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Territorio rock
J. Ernesto Ayala-Dip

Belén Gopegui construye una fortificación desde donde atacar más que defenderse. La belleza de su nuevo libro, Deseo de ser punk, que se publica la semana próxima, estriba en su cálculo, como exigía Calvino de las buenas novelas, cálculo y buena definición

Hace unos años se publicó un libro del escritor inglés Nick Hornby titulado 31 canciones. En él defendía sin ambages la música pop. Nos decía, entre otras cosas, que extasiarse con Sebastian Bach no impide hacerlo con Van Morrison o Santana. Hornby citaba Smoke, una bellísima canción del grupo Ben Folds Five. Y recuerdo que afirmaba que esa canción era la mejor que había escuchado nunca sobre la muerte de una relación sentimental. Canciones inolvidables las hay también en la película Once. Canciones de rock lidiando con la vida y una banda musical que eriza la piel. Belén Gopegui vuelve a la narrativa con una novela generacional, Deseo de ser punk. Y lo hace apelando a esa magnitud evocativa que suelen tener las mejores letras y melodías de rock. En esta nueva novela, Gopegui hace que el rock no sea una música de fondo. O una anécdota. O un relleno de ambientación. Aquí el rock es un lugar. Un territorio esencial. Una fortificación desde donde atacar más que defenderse. Resulta encomiable la operación de sostén estructural que ha logrado Belén Gopegui con el rock en su relato. Una operación similar a la que logró hacer con el dinero en La conquista del aire. O con el deseo en Tocarnos la cara. O con la corrupción en Lo raro. El rock en Deseo de ser punk es un eje. Martina, la adolescente de 16 años que está escribiendo una carta a un chico de su curso (la novela que leemos), define la relación con sus padres y con el mundo en general en función de una canción. La relación con los adultos (beligerante o amical) es siempre mediante un título mítico o un disco imborrable. Y con ese caudal de música iracunda, Martina quiere atentar en un acto final contra el conformismo de la sociedad que la rodea.