21.12.12





: entrevista para la revista gente







Éstas son mis respuestas completas que la periodista Mónica Maristain nos hizo a varios autores y autoras de mi generación para la revista Gente.





1)    ¿Cree que hay un nuevo auge de la literatura mexicana?
-Es puro sentido común. Cualquiera que ponga en duda que en un país de más de 110 millones de habitantes pueda existir una potencia creadora en cualquier ámbito, simplemente se estará haciendo pasar por pesimista o haciéndose interesante. Sin embargo, no puedo evitar mostrarme cada vez más escéptico frente a ese anhelo de novedad constante, e incluso ante la novedad como un valor por sí mismo y no dejar de relacionarlo con los ciclos del mercado. Somos parte de un bono demográfico. Sí. De eso no hay duda. Pertenecemos a la que hasta entonces era generación más sana y mejor educada que había dado este país. Eso también es cierto. Y, no obstante, formamos parte del sector más apático, desencantado y renuente a todo tipo de compromiso (político, artístico, de pareja, etcétera) de la sociedad. Por no hablar de que la gente de mi generación es la que engrosa las listas de desempleados y de las bajas en la absurda “guerra” de Felipe Calderón contra el narcotráfico. Somos, en fin, una generación inexistente. Intentar sobrevivir en este país: ¡ése sí que es un auge generacional!



2)    En la década pasada los actores y directores de cine le dieron a México proyección internacional. Esa tarea parece estar destinada ahora a los nuevos autores nacionales. ¿Es el momento más difícil de su país para cumplir esa misión?
-Dedicarse a hacer literatura en este país es un acto de necedad. Una acción kamikaze. Seguimos vivos de puro milagro. La literatura, en esencia, jamás dejará de ser marginal. No existe un mercado editorial que se le acerque ni de broma al del cine, mucho menos los apoyos estatales monstruosos que recibe éste. Los escritores somos outsiders. Vivimos y creamos en los márgenes, por lo que las historias que tienen que ser contadas y leídas en el México de aquí y ahora están en los libros de algunos de mis amigos de generación, y ya no en una sala de cine mientras te atiborras de refrescos jumbo y de palomitas mientras ves películas hipsters de directores de Coyoacán o la Condesa.
Respecto a los directores de cine, ese éxito y esos discursos exportables lo supieron ver muy a tiempo en el poder en turno, que quiso aprovechar la magnífica oportunidad y ve lo que sucedió: se duplicaron los apoyos al cine (aunque en la práctica CONACULTA en los sexenios panistas siempre, sin variedad, subejerce su presupuesto en otras áreas), los discursos de esos directores fueron inoculados consciente o inconscientemente por la injerencia paternalista del Estado y ahora son institucionales (ve el caso patético de Michel Franco y sus spots oficiales a favor de Felipe Calderón). ¿Qué clase de propuesta estética puede salir de un discurso de entrada maleado por su relación con el poder? Ninguna que valga la pena, creo yo.


3)    La característica de la nueva literatura mexicana parece ser que no hay temas fijos. ¿De qué quiere hablar usted a través de sus libros?
-Todos mis temas nacen de manera muy natural a partir de las inquietudes específicas que me apasionen en ese momento. He llegado a escribir incluso sobre matemáticas, por ejemplo, cuando toda mi vida como estudiante reprobé año tras año esa materia. Supongo que mis libros, en conjunto, hablan de un grupo de individuos que transitan por un momento histórico específico y tratan de arreglárselas como pueden para ser felices a pesar de las fuerzas que se oponen a ello (una de esas fuerzas es el Estado y su uso de la violencia). Y, por supuesto, jamás lo logran. En el caso particular de mi nueva novela, Teoría de las catástrofes, abordo un tema social a partir de una historia de pareja.


4)    Muchos decían que estos iban a ser los años de la narcoliteratura. Sin embargo, los nuevos escritores desmienten esta predicción. ¿No previvirá ese género incipiente?
-Es que aquella predicción seguramente la hizo un crítico literario. Lo mejor que uno puede hacer por el bien de la literatura nacional es escupirle a los críticos literarios en un ojo. Yo soy de Zacatecas. Lo más fácil del mundo para mí sería rasgarme las vestiduras y contar de cómo dos cárteles se están peleando mi estado (tres si contamos que el PRI ha regresado) y de cómo mis amigos y mi familia han ido desapareciendo o han sido violentados directa o indirectamente por este conflicto. ¿Por qué voy a aportar mi trabajo para trivializar este tipo violencia y volverla parte del paisaje cotidiano? Me parecería un acto inmoral y oportunista hacerlo, como hace tanta gente con libros escritos al vapor para “aprovechar la coyuntura”. Me parecía mil veces honesto y más urgente, en cambio, hablar en mi novela Teoría de las catástrofes sobre la violencia de Estado que ejerció el PRI contra el magisterio y la sociedad civil en 2006 (desapariciones, persecuciones, presos políticos, torturas, escuadrones paramilitares, asesinatos…). Si quiero denunciar las torpes políticas públicas con que se ha abordado el problema de narcotráfico, salgo a la calle como cualquier ciudadano y realizo acciones de protesta o de desobediencia civil ante la intransigencia del poder para escuchar y entablar el diálogo e incidir para rectificar de estrategia. En cambio, me parece muy barato y de pésimo gusto como artista subirse al tren oportunista del momento, como hacen tantos hoy en día (de pronto resulta que todo mundo tiene una abuelita o un primo sicario en Monclova, Tamaulipas o Ciudad Juárez). La narcoliteratura y el arte relacionado con el narco nació para rellenar los estantes de las librerías de los centros comerciales y las galerías de arte y forrarse de dinero de forma oportunista e inmoral. Está plagada, salvo excepciones contadas, de farsantes. Y si no, pensemos una cosa: de entre las obras maestras de la Generación Perdida que vivió la época de la prohibición en EEUU, ¿cuántas novelas sobre tráfico ilegal de alcohol y matanzas entre gángsteres nos quedan? Respuesta: salvo referencias soslayadas en El gran Gatsby, ninguna.



5)    ¿Lee a sus colegas y compatriotas de la misma generación?
-Sí. A todos. En 2008 realicé una antología generacional y estuve un año entero leyendo incluso en los fondos estatales a los autores en activo más o menos de mi edad. Así es que les conozco a todos y a todas sus mañas. Los tengo bien checaditos. Me hubiera gustado mucho realizar el segundo volumen de aquella antología que ya tenía planeado y donde estaba el resto de los autores fundamentales de esta generación, pero no fue posible.


6)    Muertos Monsiváis y Fuentes, sobre todo Fuentes, ¿ya no hay Presidente de la República de las Letras o ese puesto habría que dárselo a Villoro?
-No, por favor. No pensemos bajo el mismo viejo esquema paternalista y patriarcal del viejo régimen. No hay tlatoanis. No hay patriarcas. Y Juan Villoro debe estar demasiado ocupado como para que encima vayamos a torturarlo con viejas prácticas priístas que desde luego a él no le alegrarían en absoluto. Y, bueno, en dado caso de que existiera una República de las Letras, yo preferiría que hubiera una Presidenta. Eso sí sería comenzar a cambiar nuestra mentalidad patriarcal tan obtusa.


7)    ¿O ni siquiera hay República Mexicana de las Letras?
-Hay un grupo de individuos disgregados por todo el territorio nacional y el extranjero (pero sobre todo fuera el DF) tratando con todas sus fuerzas y recursos de sacarle un poco de buena literatura al maldito teclado todos los días. Lo otro, todo lo demás que no ocurre en ese ámbito, es política de la vieja escuela.




8)    El otro día alguien me decía que en España hay una burbuja literaria similar a la inmobiliaria que devastó el país. ¿Cree que muchos autores españoles están sobrevaluados en nuestro continente?
-Si el mercado literario español de nuestra generación es una burbuja especulativa hueca que puede reventar a la menor provocación, entonces la más reciente antología de la revista Granta que pretende englobarla sería su Goldman Sachs o su Lehman Brothers. ¿Quién condenados son esos españoles que nos quisieron vender como los mejores autores de nuestra generación? Sólo en su pequeña península los conocen. El editor, continuando con el símil, equivaldría a un Bernard Madoff: quiso vendernos gato por liebre. ¿Quería la mejor literatura hecha en español de esta generación? Se hubiera tomado la molestia de leer un poco más de lo que se hace en este lado del Atlántico. Ellos se lo pierden. Comencemos nosotros mismos a desmitificar de una vez ese mito colonialista de que los autores mexicanos que somos editados en España “ya la hicimos”. No hay mentira más grande; te lo digo por experiencia propia. La mejor literatura en español, insisto, se está haciendo en América Latina. Miremos hacia acá. Leámonos.




9)    Hábleme, por favor, de sus gustos literarios.
-Cada vez me interesan más los autores y las autoras que lidian con temas que tienen que ver con la frontera entre la vida y la muerte. Las novelas metaliterarias o que sólo hablan de otros autores y de otros libros me producen bostezos. Sobre todo aquellas que narran la “interesantísima” vida interior de gente de la Ciudad de México atascada en el tráfico de Reforma o contemplando el mundo desde su biblioteca o un bar de la colonia Condesa. ¡Qué pereza! Busco movimiento vital en las novelas como señal de que los seremos humanos tenemos un peso específico sobre nuestro entorno y sobre quienes nos rodean. No me gusta la literatura que me evade del país y del mundo donde vivo. Me gusta la literatura que me hace confrontarme de lleno con el país y el mundo en los que habito. Eso ambiciono también como escritor. Cormac McCarthy es un estupendo ejemplo de lo que busco (además de ser el único autor vivo que habla de mi pueblo, Zacatecas). Al menos en mi novela más reciente, Teoría de las catástrofes, fue lo que pretendí hacer de manera muy consciente.




10) Hábleme por favor sucintamente de su obra, de lo que piensa publicar.
- Teoría de las catástrofes (Alfaguara, 2012) es mi novela más compleja hasta el momento, en muchos sentidos. Estructuralmente y a nivel de lenguaje. Por los distintos ámbitos que aborda, desde el privado hasta el comunitario y el social, exigía un narrador muy dinámico y capaz de moverse en distintos grados de discurso o de focalización, un narrador muy atento. Sin embargo no es en absoluto una novela polifónica, sino personal. Y puede decirse que es una novela política sin serlo. La idea para la trama fue fortuita y más o menos vivencial: no la tenía planeada; yo estaba comenzando otra novela distinta que debió quedarse en el cajón. 2006 fue el año en que llegué a vivir a Oaxaca, y lo que comenzó como un relato íntimo de una pareja inmiscuida sin quererlo en el conflicto social, se volvió esta suerte de épica contemporánea, un río narrativo que creí que nunca vería fin por tantas cosas que tenía para contar y que quería meter en él.
Sin planteármelo resulta que, junto a Viena roja (Joaquín Mortiz, 2005) es mi segunda novela de sesgos socialistas y anarquistas. Y ya empecé con la cuarta, que sí será abiertamente anarquista. No sé en qué va a parar. Teoría de las catástrofes es muy probablemente la novela más potente y honesta que he escrito. No sé si esos tres años de eremita durante el proceso de escritura hayan valido la pena cuando alguien la lea (incluso cancelé mi conexión a Internet para poder escribir en paz), pero no me arrepiento.
Mis dos novelas anteriores las comencé a escribir en el mismo año, alrededor de 2004: Viena roja y Temporada de caza para el león negro (Anagrama, 2009, finalista del Premio Herralde de Novela). Una es el antídoto de la otra. Y, sin embargo, le sigo teniendo mucho aprecio a Temas y variaciones (2002), mi primer libro de relatos, que se emparienta en tema y forma con Viena roja. Lo digo con honestidad: no creo que sea capaz aun hoy de volver a escribir un libro como Temas y variaciones, tan arriesgado y a la vez escrito con un pulso tan firme. Veo en él a una persona muy consciente de su entorno limitante, llena quizá por eso mismo de un resentimiento temerario, cándido y cegador y con unas ganas ingobernables de comerse el mundo; pero es alguien a quien ahora siento distante y con el que me identifico cada vez menos: han pasado diez años desde que lo publiqué. Si hoy me encontrara al muchacho que escribió eso le diría: “Oye, carnal, aliviánate; ¿por qué no sales a darte primero unos golpes con el mundo antes de pretender escribir una sola línea?”. Esa misma rabia ingobernable sigue viva, sí, pero de otro modo; de lo contrario no me explico cómo fui capaz de la salvajada de sentarme a teclear y corregir ahora una novela de más de 400 páginas. Dice Camus que cuando el grito más desgarrador encuentra su lenguaje más firme, la rebeldía satisface su verdadera exigencia y creo que, al menos en mi caso, ese proceso se ha ido gestando desde entonces. Se necesitaba estar muy enojado con el mundo y muy solo, sin interlocutores, en medio del semidesierto zacatecano para escribir un engendro como Temas y variaciones a los 23 años. Sin embargo, en mi ciudad mis opciones eran ésa o pegarme un tiro. Opté por la escritura (como podrás cerciorar si te fijas que no falta ningún pedazo de mi cráneo). Creo firmemente en la escritura como vía de “empoderamiento”; mucho más, incluso, que en la lectura.


 11) Hábleme de lo que quiera, si es que hay algo que considera importante dejar dicho en este reportaje.
-Tengo una banda de noise-metal que se llama Scarlett Johansson, de la que soy guitarrista y con la que toco en algunas de las presentaciones de mis libros. Estamos preparado el primer EP para 2013.