: la brujería y el poder en méxico .01




Política y magia han estado unidas desde mucho antes de lo que pudiéramos creer. El antiquísimo Código de Hammurabi (s.XVIII a.C.), por ejemplo, marca leyes bastante estrictas para los casos de imputaciones de ejercer la brujería. Para tales conflictos, el Río Divino era el juez inapelable: si el acusado resultaba ser culpable de brujería, el río, en su magnífica sabiduría, lo arrastraría con toda la bravura de su cause. De esta forma la ley delegaba en la superstición el poder de decidir sobre los propios asuntos concernientes a la superstición y a la magia. De igual suerte, el famoso oráculo de Delfos fue un guía imprescindible para la toma de decisiones de los poderosos de la antigüedad griega, tanto como lo fueron los videntes lectores de vísceras para los emperadores romanos. Las culturas primitivas, sus patriarcas o sus representantes, siempre han agotado todo cuanto esté a su alcance para garantizar la prosperidad de su comunidad y aumentar las posibilidades de éxito de sus proyectos, recurriendo en primerísima instancia, desde luego, a los rituales religiosos o sobrenaturales.

Eso no sorprende a nadie; lo que podría sorprender, en todo caso, es que esas prácticas rituales mágicas sucedan aún en nuestros días y que nuestros políticos sigan considerándolas una herramienta válida para cristalizar sus propósitos, sean éstos cuales sean. En un país como el nuestro, donde la clase política brilla por su ignorancia y casi siempre está reñida con todo aquello que demuestra estar fuera de su alcance por escaparse de su potestad, es obvio que haya encontrado un aliado idóneo y fiel aquellas prácticas que nada tengan que ver con una explicación racional de su entorno: la fe y la devoción religiosa, las prácticas de ritos supersticiosos, brujería, hechicería, quiromancia, chamanismo, santería, etc.

Los poderosos en nuestro país han mostrado a lo largo de la historia, antes que una franca intención por el bienestar de aquellos a quienes gobiernan, mantener como tónica una lucha desencarnada por el poder. Esta carrera ciega y sin escrúpulos, con sus debidas distancias, es muy semejante a la que en otros tiempos sostenían de forma perenne los césares romanos (no en vano tenemos a ese “Viejo César” que fue Porfirio Díaz, y a aquellos tres “Césares Rojos” respaldados por Obregón) o la misma que podemos leer en las tragedias griegas: y es que uno, cegado por el poder, nunca sabe cuándo le asestarán una certera puñalada por la espalda, si el plato que descansa en nuestra mesa ha sido envenenado, o, en el peor de los casos, si se es víctima de un vengativo “mal de ojo” por parte de nuestro más acérrimo enemigo en la oposición, de nuestro vecino de curul, de nuestro rival en las elecciones internas del partido o de aquél que nos pisa los talones en las encuestas por “la grande”. Hasta nuestro amigo más entrañable, nuestra mujer, nuestra amante o incluso nuestro hijo son dignos de sospecha. Este juego arribista que no tiene otro objetivo que el poder por el poder mismo, inevitablemente termina por trastornar a aquellos que lo juegan. La esquizofrenia y la paranoia merodean incluso al poseedor del coto de poder más raquítico a la vuelta de la esquina. Donde la razón termina comienza la forma más primitiva de explicar el mundo: la superstición. ¿Cómo estar prevenido, cómo estar un paso delante de nuestros enemigos en esta carrera salvaje que es la política? ¿No es siempre recomendable tener una ayuda extra del “otro mundo”?

Es sabido que en México, tanto la brujería como la hechicería, fueron puntual e inmisericordemente castigados en su tiempo por la Inquisición Española como un vehículo de control del virreinato y la iglesia católica. No debemos soslayar, sobre todo, que nuestro país ha forjado su identidad por medio de un crisol diverso y multicultural en el que las creencias religiosas también se han reinterpretado, moldeado y transformado con total holgura. Las creencias y los ritos judeo-cristianos han sido mezclados sin distingos con las más disímiles tradiciones mágico-religiosas de las múltiples etnias nativas, con el chamanismo e incluso con la Regla de Ocha (religión popularmente conocida como “santería”) de origen caribeño.

En México, el matrimonio entre fuerzas supraterrenas y los poderosos se puede rastrear desde la época prehispánica. Guardando distancia con su contexto, el propio Moctezuma solía leer en las señales que le brindaba la naturaleza los augurios que le estaban deparados tanto para su imperio como para él mismo. La creencia en los elementos mágicos y en su poder sobre los fenómenos naturales, los seres humanos y sus destinos eran parte importante de su cosmovisión. Pero aun a la llegada de los españoles a nuestro territorio, Bernal Díaz relata en sus crónicas la inclusión de un astrólogo dentro del equipo que acompañaba a Hernán Cortés. Este peculiar astrólogo dio consejos a Cortés y vaticinó su propia muerte mediante sus recursos quiromáticos, que fueron descubiertos sólo tras su fallecimiento.

Según Mircea Eliade, el chamán desempeña un papel esencial en la defensa de la integridad síquica de la comunidad, defiende la vida, la salud, la fecundidad, el mundo de la “luz” contra la muerte, las enfermedades, la esterilidad, la desgracia y el mundo de las “tinieblas”. En este sentido, no es raro que algunos de los personajes de nuestra historia hayan pretendido entablar contacto con espíritus del “más allá”, asesorarse o incluso dotarse a sí mismos con cualidades chamánicas para guiar y velar por su pueblo (la versión llevada al ridículo de esto la pudimos ver en la última cinta de Alfonso Arau sobre Emiliano Zapata; aunque, lamento desilusionarlos, la iniciación en el chamanismo del caudillo es sólo una patraña cinematográfica). Quien, en cambio, sí afirmaba abiertamente aprovechar su contacto con el mundo de ultratumba para guiar el destino de la nación, fue Francisco I. Madero, inspirado por las obras del fundador de la doctrina espiritista: Allan Kardec. Madero es muy probablemente el caso más notable en la historia del poder por su ferviente devoción hacia el mundo de los muertos. Se tomaba bastante en serio el espiritismo, al grado de llevarlo como su fe, luego de serle revelada en un viaje a París su vocación: la de médium escribiente. El propio Madero (quien ocupó el cargo presidencial por un breve periodo tras el término del régimen porfirista, 1911-1913) presidió en su natal Coahuila la Sociedad de Estudios Psíquicos de San Pedro, cuyas minutas y conversaciones en estado de trance se conservan en sus Diarios espiritistas. Madero creía a pie juntillas que el alma de Benito Juárez, entre otras, era la que guiaba su proyecto personal y sus planes para la nación (lo que nos trae actualmente a colación a Hugo Chávez, en Venezuela, de quien se dice que tiene dos escritorios en su oficina: uno para él y otro para el espíritu de Simón Bolívar). Y fue por medio de estos estados de trance como Madero descubrió su auténtico destino; él mismo lo escribe en sus diarios: “emprender una gran cruzada democrática para llevar a la Patria a su liberación”.

Continúa...

(c) Complot
-Tryno Maldonado




: lucía y el sexo




Érase una vez, hace algunos años, Lucía...
Y el sexo. Qué buenos tiempos.







: 73

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinamos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.





: un bergonzi ex paganini a subasta


REUTERS. Londres, Inglaterra (26 octubre 2005).- Un violín fabricado por uno de los mayores luthiers de la historia y alguna vez perteneciente al maestro italiano Nicolo Paganini será subastado la próxima semana con un precio base de 888 mil 300 dólares.No sólo será la primera vez que se pone en venta uno de los apreciados instrumentos de Paganini, sino que es el único de los 50 violines que quedaron del maestro artesano Carlo Bergonzi de Cremona. "Un Carlo Bergonzi es algo poco común. Si se le agrega el factor Paganini, esto se convierte en algo exótico", explicó el miércoles a Reuters Tim Ingles, titular del departamento de instrumentos musicales en la casa de subastas Sotheby´s. El violín data de alrededor de 1720, cuando Bergonzi tenía unos 30 años y ya era famoso, ocupando el tercer lugar tras los maestros cremoneses Josef Guarneri y Antonio Stradivari. No se sabe cuándo adquirió el instrumento Paganini, cuyo virtuosismo hizo creer a la gente que había sellado un pacto con el diablo.Pero se conoce que estaba entre los 20 violines, incluidos 10 stradivarius, que Paganini dejó a su hijo Achille cuando murió en 1840. El instrumento fue certificado como un Bergonzi en 1870 por el comerciante y luthier francés Jean-Baptiste Vuillaume.El violín cambió de manos muchas veces hasta que cayó en las de John Corrigliano, quien fue el principal violinista de la Filarmónica de Nueva York entre 1943 y 1966.En 1957 fue vendido a un violinista amateur, cuya hija lo ofrecerá en venta el 1 de noviembre.



: bataille dans le ciel


Volver a Zacatecas, no muy en el fondo, siempre ha significado para mí casi lo mismo que una derrota. Una derrota pírrica. Cada vez que bajo del autobús o del avión, luego de algún viaje, algo dentro de mí vuelve a congelarse, algo de ese calor avivado por la euforia de la aventura y de lo novedoso se enfría sin remedio. En esos momentos aquello de Proust de que todo viaje de descubrimiento consiste en percibir los horizontes con nuevos ojos no deja de parecerme nada menos que una patraña. La abulia. El retorno a la tibieza, al medio de ninguna parte. Hace una semana volví a esta ciudad. Algo tan rutinario como atravesar la avenida Hidalgo por la tarde me parece siempre una tortura: las mismas caras, los mismos sonidos, las mismas rutinas que se entretejen puntual y enfermizamente desde hace años. Alguien que murmura a tus espaldas. Alguien más que se cambia de banqueta para evitar saludarte (yo mismo acostumbro hacerlo). Y una parte de esa avenida donde el viento sopla seco y te cala en los pulmones como los mil demonios. El hastío. Pretendo caminar las calles concentrado en algún tema. O simplemente me calo los audífonos con Deftones y me desconecto del mundo. Lo que en realidad hago es maldecir el haber nacido en un sitio tan anodino, una tierra árida que se la está llevando el carajo (sólo basta ver los titulares de los diarios).

Hoy por la tarde no pude más: casi me parte la tristeza y la frustración por habitar en esta ciudad. No sé por qué, entré a un café que jamás frecuento. Me topé con L., una amiga que no veía hace rato. Ella estaba sentada en la mesa del fondo, hundida entre una montaña de libros y de apuntes. Luego de una hora cambiamos el café por un bar y charlamos hasta tarde sobre repostería, drogas, drogas-repostería, Barcelona, Marías, Coetzee, Salinger, sobre la última vez que nos metimos XTC y el examen que ella debía presentar a primera hora de la mañana. L. y yo nos despedimos con un largo abrazo. Prometí prestarle algunos libros, aunque sé que ella siempre termina extraviándolos o regalándolos, como si fueran suyos. Poco importa. Los libros son de todos y a veces, sólo a veces, incluso se lo celebro. Así fue que de nuevo me quedé solo para reemprender la pesadilla de vivir en esta ciudad como un náufrago que se ase con toda su alma a un islote no porque lo haya estado buscando, sino porque es su única esperanza. ¿Escribimos por la propensión de nuestro temperamento a estar solos o propendemos a un temperamento solitario porque escribimos? ¿La naturaleza de nuestras ciudades nos vuelven huraños o porque nacemos huraños nuestras ciudades nos eligen? Auster tiene variaciones sobre el tema.

La vez que este encontronazo con la vuelta a la realidad y a la rutina casi me tumba fue hace un año, cuando volví de Europa. Recuerdo que hablaba poco, salía poco y procuraba aislarme de los amigos. A pesar de que el viaje con mochila fue toda una experiencia extrema (entre otras cosas me robaron la cartera y perdí algunos kilos por no comer lo suficiente), mientras estuve viajando, durmiendo en hostales, en trenes, en estaciones de tren, en la calle, comiendo mal, pateando la calle hasta sentir acalambrárseme las piernas y hasta acabarme las suelas de los zapatos, mientras estuve viajando, en fin, sentí que cualquier sitio que pisaba era mi hogar. No he vuelto a experimentar esa sensación desde entonces. En los últimos días se ha reavivado esa nostalgia. También ese viejo compañero: el insomnio.

Sin que lo esperase, y luego de darle el último trago a la cerveza, mi amiga L. dijo de lo más desenfadada: “Comprar un boleto de avión es lo más fácil del mundo, ¿o no?”. L. y yo hablamos esta tarde largamente sobre el tema. Incluso le dije que estoy escribiendo una novela sobre ella, sobre su trabajo y sobre sus viajes. L. tiene dieciocho años. Por el día estudia la preparatoria. Por la noche trabaja en una discreta y elegante casa de citas. Sólo mujeres jóvenes, notablemente atractivas, estudiantes de preferencia, que puedan mantener una conversación amena, culta e informada con los clientes. (Yo necesitaría trabajar dos o tres meses completos sólo para pagar una noche en ese lugar). Mensualmente ella gana mucho más de lo que yo he podido ahorrar en toda mi vida. No es rara la vez que aparece por mi casa con un montón de discos o de libros recién comprados. Toma, me dice, se prepara un café o se mete a bañar y me los deja sin más sobre la mesa. Cuando le conté de mi nuevo proyecto de novela, su novela, L. no se lo esperaba: me mostró una sonrisa candorosa e incluso creo que se sonrojó (mi daltonismo me impide distinguir esta clase de manifestaciones cutáneas de las emociones, pero puedo apostar a que, en efecto, se sonrojó). De ese tema pasamos a otro y a otro más. Casi al final de la charla, de pronto y con los ojos brillándole, sin poder quitarse una sonrisa contundente de la cara, me lanzó a quemarropa: “¿Por qué siempre te complicas la vida? Comprar un boleto de avión es lo más fácil del mundo, ¿o no? Quiero hacerte ese regalo, Tryno. ¿Aceptarías?” Un “no” precipitado en ese momento hubiera resultado tan ridículo como insultante. Entre nosotros hay ciertos códigos tácitos. Y entre L. y yo jamás ha habido nada más que una amistad entrañable, y han sido esos mismos códigos compartidos los que la han salvado y la han mantenido tan vigente como siempre. Me ha dicho que sopese bien su propuesta. No dijimos más. Luego de despedirnos deambulé sin rumbo por las mismas calles empedradas, con el frío calándome los huesos y con el aroma de su Miyake en una mejilla.

Hace un rato volví a mi casa. Quise dormir, pero me invadió el insomnio. El insomnio ha vuelto. No pude escribir una sola página de la nueva novela. Aunque lo intenté. De verdad lo intenté. Lo mismo me extraña que no pueda quitarme de la cabeza ni un segundo algunas escenas de la nueva película de Reygadas, que vi hace muy poco: Batalla en el cielo (mi hermano la escribió en francés cuando me la recomendó en un SMS, y pienso que suena un poco mejor: Bataille dans le ciel), que a su vez me traen a colación los primeros versos de Borges que memoricé (Silenciosas batallas del ocaso / en arrabales últimos / siempre antiguas derrotas de una guerra en el cielo...). Y es que la analogía con dicha película es bastante obvia. No sé si sea Ana, la protagonista de la película, que se parece tanto a mi amiga L., con todo y su personalidad estridente y luminosa. No sé si sean sus historias, tan similares... Una chava fresa, guapa, medianamente culta, una radical chic que se prostituye con políticos y empresarios sólo por placer en una casa de citas. No sé... No quiero pensar más al respecto. Tomo un libro al azar y subo a la azotea a leer. La noche es un pliego virgen y desde mi casa puede verse toda la ciudad. Quizá el sueño llegue pronto. Quizá nunca lo haga. Aquí lo espero con los brazos abiertos mientras intento quitarme de la mente las palabras de L. Mientras intento olvidarme de su proposición. Intento borrarlas porque su simpleza me duele cuanto más me rasco la testa. Y es que, en efecto, comprar un boleto es lo más fácil del mundo. Entonces, ¿qué nos detiene?



: deftones
10 años



Deftones, una de mis bandas favoritas de todos los tiempos (aunque Karlatone no me lo cree nunca), está festejando diez años del lanzamiento de su álbum debut: Adrenaline. Para celebrarlo (o al menos para que su disquera lo celebre haciendo dinero a nuestras costillas) este mes salió el tan anunciado CD doble de b-sides, rarezas y videos. Hace mucho que en internet circulan todas las rolas que se incluyen en este disco, así es que para cualquier fan hardcore no resultarán ninguna novedad. De entre mis favoritas está el cover de The Cure, “If only tonight we could sleep”, que se reventaron los Deftones en el Icon de MTV, así como el cover de Sade, “No ordinary love”. El set incluye la versión acústica de “Change” y “Be quiet and drive”, una versión buenísima de la rola de los Smiths, “Please, please, please, let me get what I want”, el cover de “Sinatra” de Helmet, un palomazo con B-Real de Cypress Hill en “Black moon”, así como la clásica rola de los Cocteau Twins “Wax and wane” y una versión de “Simple man” de Lynyrd Synyrd, entre otras, como “Savory”, “Chauffeur” y “Teenager”. El CD 2 trae los videos “oficiales” de la banda y material adicional, como “7 words”, “Bored”, “Be quiet and drive” y “Bloody cape”. Dicen que el booklet vale mucho la pena, que está choncho y que trae toda la historia de los Deftones. No sé. Yo lo tengo todo pirata.

Alguien debió decirle a la disquera que faltaron los infaltables b-sides, como “Boy’s republic” (de la edición especial del White Pony), “Teething” (del soundtrack de The Crow), “To have and to hold” (cover de Depeche Mode), o los ya clásicos covers de Weezer, “Tired of sex”, “Say it ain’t so”, entre muchos otros, que de cualquier forma se trafican en la red. La cajita quedó debiendo mucho.

El lanzamiento de los b-sides es para mantenernos a los fans de Deftones tranquilos mientras está listo el esperadísimo quinto álbum de la que es con mucho la mejor banda de rock pesado de la actualidad. Por ahí ya se rumora que se ha extendido el tiempo de producción, pero que la placa ya está en el horno para el 2006. Por lo pronto ya está confirmado que Deftones serán los estelares para toda la gira del Taste of Chaos. México los espera de regreso. Ojalá le caigan pronto. ¡Larga vida a Chino Moreno y compañía! ¡Chino, Chino, Chino!


: martha higareda


Martha Higareda (protagonista de las películas Amarte duele, Siete días, etc.) nos visitó acá en Zacatecas. Sólo eso. Nada más les presumo...


¡Ey! Mi hermano el Kolchas es el galán de la familia. ¡Maldito! Yo nunca tengo tanta suerte.






: shepard fairey








: una legión vastísima de lectores


La mano de la buena fortuna
Goran Petrovic
(traducción Dubravka Suznjevic)
Editorial Sexto Piso, México, 2005
333 pp.


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Goran Petrovic (Kraljevo, Serbia, 1961) sabe que en este mundo hay básicamente tres tipos de personas. Aquellas que saben leer. Aquellas que no saben leer. Y aquellas que dicen no tener tiempo para leer. De estas categorías es la tercera por la que Petrovic (y nosotros con él) siente, desde luego, más recelo.

Desde que el mundo tiene memoria, jamás se han podido atestiguar dos fenómenos sociales tan extraños como éstos, ambos ocurridos en el siglo XVIII: la Revolución en Francia y la incontrolable epidemia de lectura de novelas en Europa. Estos dos extremos están estrechamente imbricados, pues “es bastante probable que las novelas hayan hecho en secreto tan infelices a tantos hombres y mujeres como públicamente lo hizo la Revolución Francesa”. Así testimonió cierto librero conservador alemán, en la creencia de que el Antiguo Régimen en su país no había recibido el tiro de gracia de manos de los jacobinos, sino de manos de esa legión gigantesca que comenzó a erguirse con fuerza y avidez en ese siglo: los lectores. Este monstruo de múltiples cabezas fue combatido desde su nacimiento en toda Europa por reaccionarios, clérigo y Estado. Pero el poder y la inercia que cobró fue tan grande como una avalancha. ¿Y cómo pretender frenar una avalancha sin ser avasallado por su paso? Inglaterra y Francia fueron la cuna de este monstruo insaciable. En el París posrevolucionario todo mundo leía, en todo momento y a todas horas. Todo mundo cargaba un libro bajo el brazo. Todo mundo leía en los cafés, en los restaurantes, en la calle, en los parques, en los baños, en los entreactos del teatro... Todo mundo leía: las mujeres, los niños, los mozos, los aprendices, los choferes, los policías... Sólo debieron pasar unos años para que Europa central fuera sitiada por este fenómeno, expansivo como una epidemia. Fue así que, a finales del XVIII, Alemania sufrió una de las más terribles plagas de toda su historia: la manía lectora. El historiador Reinhard Wittmann recupera una crónica en que cierto pastor luterano de la época describió el cuadro clínico de dicha patología:

“Lectores y lectoras de libros que se levantan y se acuestan con el libro en la mano, que se sientan con él a la mesa, que no se separan de él durante las horas de trabajo, que se hacen acompañar por el mismo durante sus paseos, y que son incapaces de abandonar la lectura una vez comenzada hasta haberla concluido. Pero en cuanto han engullido la última página de un libro, buscan afanosos dónde procurarse otro [...], lo cogen y lo engullen con una especie de hambre canina. Ningún aficionado al tabaco, ninguna adicta al café, ningún amante del vino, ningún jugador depende tanto de su pipa, de su botella, de la mesa de juego o del café como estos seres ávidos dependen de sus legajos.”

Lo que sucedió a finales del XVIII, antes que una epidemia, fue en realidad una revolución masiva de las dinámicas de lectura, impulsada por diversos factores culturales y sociales del período. La lectura intensiva (delimitada por un número finito de tomos) dio paso a la lectura extensiva (donde la imperiosa necesidad por nuevos hallazgos literarios es la constante). De tal suerte, la así llamada manía lectora podría ser caracterizada por esa pulsión insaciable por leer, por hacerlo de manera compulsiva y por el apremio salvaje para encontrar siempre nuevas y más vivas lecturas. Una pasión febril por leer tan intensa como la más dulce de las drogas. Entre la conspicua estirpe de apestados por esta plaga centenaria podemos reconocer, desde luego, a los ilustres Don Alonso Quijano y a Madame Emma Bovary. Pero entre los brotes de este mismo árbol genealógico infecto, hallamos ahora a los también insignes personajes de Goran Petrovic en La mano de la buena fortuna. Sin embargo, esta nueva camada presenta síntomas nunca antes documentados. Es probable que el síndrome de la manía lectora haya sufrido una suerte de mutación con el paso del tiempo, como hacen algunos virus. A este peculiar e inédito brote bien podría llamársele manía lectora simultánea o manía lectora compartida, que algunos escépticos no tardarán en catalogar erróneamente como una variante de psicosis colectiva inducida por períodos prolongados de lectura. Esta variación del síndrome se manifiesta únicamente cuando dos lectores maníacos bastante avanzados o más –sin importar que se encuentren en los rincones más apartados del mundo--, emprenden en el mismo momento la lectura de una misma obra. Tales son los casos de Adam Lozanic, un estudiante que pervive gracias a su trabajo como corrector de estilo; Natalia Dimitrijevic, una anciana obsesionada por preservar su biblioteca y sus recuerdos a como dé lugar; y Anastas Branica, un escritor misterioso cuyo único libro, Mi legado, será el epicentro sobre el que girarán las anécdotas de la novela y convergerán –entrecruzándose a veces literalmente dentro de las localidades de ese libro-- todos los personajes. Todos ellos, infectados por el mal antes descrito, descubrirán lo que sucede cuando la monomanía por leer rebasa los límites, cuando leer se vuelve una afirmación ciega de una fe arcana, cuando lo que está en las páginas sucede y es real, tangible, audible, visible; cuando leer, antes que un acto evasivo como pudiera pensarse, se vuelve –la premisa de Italo Calvino llevada al súmmum-- un vehículo para el conocimiento, para el descubrimiento y el tránsito del mundo sin salir de la habitación. En la fábula de La mano de la buena fortuna el ejercicio de leer se vuelve, además de un vaso comunicante fundamental dentro de la anécdota, el resguardo de un entorno cada vez más hostil hacia esa vieja estirpe de lectores, un resguardo para una realidad contemporánea que con sus prisas, con su vértigo, sólo puede ofrecer cantidades bulímicas de información regida por el zapping y su gramática. Y es que, en La mano de la buena fortuna, Goran Petrovic demuestra tener muy presente aquello que concluyó George Steiner a través de Pascal. Toda verdadera educación consiste en vencer el miedo del ser humano a permanecer en su habitación.


:02
Goran Petrovic sabe que en este mundo hay básicamente tres tipos de escritores. Aquellos que intentan aprehender la realidad en sus novelas. Aquellos que intentan evadir la realidad con sus novelas. Y aquellos que intentan aprehender la realidad en sus novelas cuando todo lo que consiguen es empobrecerla. De estas tres categorías es la tercera por la que Petrovic (y nosotros con él) siente, desde luego, más recelo.

Como Cyril Connolly, Petrovic sabe también que un buen escritor es aquel que echa a andar un mundo autónomo en el que sus lectores pueden sentirse orgullosos de habitar. La sentencia del crítico inglés nunca estuvo tan bien encarnada. Al emprender su lectura nosotros habitamos esta novela, mientras que los lectores dentro de ella habitan otras novelas. De esta sazón, cualquier intento por descifrar La mano de la buena fortuna es vano. O peor aún. Cualquier intento por descifrar una novela con semejantes características será en realidad un intento flagrante por exorcizarla. Estamos ante un libro que viene a recordarnos que hay tantas lecturas probables como lectores. Pero si pretendiéramos esbozar la características de un hipotético lector ideal para éste, la empresa sería la más sencilla del mundo. De entrada, deberá pertenecer, por fuerza, al primer tipo de lectores básico ya señalado. Segundo, deberá estar dispuesto a hacerlo con ese mismo goce, a leer con aquella fascinación y credulidad que sólo pudo encontrar en su lecturas iniciáticas. Por último, su nombre no deberá ser otro que el de Legión.

Por todo lo dicho, una novela como La mano de la buen fortuna no pudo toparse con mejor hogar que el catálogo de Sexto Piso, una editorial mexicana que se distingue por la búsqueda constante de esos mismos lectores cómplices e infectados por la manía lectora. Que la traducción de Dubravka Suznjevic --cuyas traslaciones de los serbios Pavic, Mitrovic y Arsenijevic ya conocíamos-- rebosa de vitalidad y hace plena justicia al texto, también es innegable.

Si es verdad que, escuchando a Connolly de nuevo, Petrovic está conciente de que el único objetivo de todo escritor debe ser el fincar una obra maestra, con La mano de la buena fortuna bien podría darse por satisfecho. Pero no lo hará. Ya es demasiado tarde para detenerse. Verba volant, scripta manent. Petrovic mismo está infectado por aquella enfermedad irreversible.

(c) 2005 Tryno Maldonado




: angela
por shepard fairey







: resistencia



María Rivera (Ciudad de México, 1971) abre su blog, ¡y de qué manera!

<<...y, sin embargo, seguimos escribiendo. ¿Por qué seguimos escribiendo poemas? ¿de dónde proviene esa manía? Habrá quien escriba por su gusto por la belleza, así llanamente, o quien siga escribiendo —aunque parezca increíble— por el estatus que esta actividad reporta (en su versión negativa o en su versión positiva aunque sea meramente ornamental: yo conozco a muchos) , o quien escriba por la pesadísima urgencia de continuar el cánon, o solamente para estar a la moda y transitar la estrechísima pasarela literaria con sus efímeros reflectores.Cada quien, me imagino, se contesta esta pregunta si es que acaso se la formula. Para mí la escritura, tiene que ver, por un lado con su carácter necesario y por otro con la honestidad para acometer el poema. Estas dos condiciones, enunciadas así, podrían parecer algo inocentes. Pero para mí el poema sigue siendo un acto personal de resistencia: no una resistencia en abstracto (como les encanta a los poetas escribir para enaltecerse) sino muy precisa:resistencia frente a un hacer poético muy de moda que se declara solipsista, monologante;resistencia frente a una preceptiva literaria que impone a las mujeres escritoras serias un modo de hacer-decir-ser (que consiste en fundamentalmente ser misóginas);resistencia al modelo de humanidad que algunos poemas de hoy construyen (con sus embellecimientos o sus feísmo, según sea el sapo);resistencia a la banalidad y complacencia de lo cool, divertido y desmadroso que supone ser joven poeta latinoamericano (con botellita de cerveza en mano y obligado tambaleo);resistencia frente a las poses malditistas y pseudotrasgresoras que se complacen en derramar unas gotitas de bilis en el blog confundiendo a la poesía con el escusado;resistencia frente a los prejuicios que heredamos de la corrección poética;resistencia frente a quienes hablan del poeta como un iluminado hacedor pero que pactan con estafadores;resistencia a la resistencia de no saber andar solos sin muletas generacionales;resistencia frente a la “postmodernidad”, “El fin de la historia” “el carácter histórico de la poesía”;resistencia frente a las clausulitas “nuevos mecanismo escriturales” “escrituras particulares” y el calificativo “antisolemne” que aparece inevitablemente para legitimar lo in de un poema;resistencia frente al hábito de autoantologarnos todo el tiempo como si nuestro ombligo fuera muy interesante;resistencia a que este hábito mexicano pudra el mundo;resistencia frente a los pactos amistoso-literarios entre talentosos e interesados;resistencia frente a la rebatinga de los huesitos de Paz, de Vallejo, Gorostiza;resistencia frente a la banalización-imitación de discursos subversivos de las poéticas extremas (farewell to Hospital Británico, el desierto de Atacama, Trilce, Contranatura y un largo etcétera quetodos sabemos); ah ¡cuánta cuánta mierda! Uno piensa cuánta mierda, en la tribu más indigna y antropófaga (sin lindas metáforas brasileñas). El poema, para mí, no tiene nada que ver con esto y la poesía tampoco y estoy agradecida, no saben cuánto, de saberlo. Sus alcances, sus deficiencias, su oscura lucha, su modestia, compensan con mucho a su contexto. Hoy que el contexto es todo y la historia y sus almanaques teóricos-literarios con su insufrible terminología parecen justificarlo todo: hasta la ignominiosa presunción de que la poesía no necesita un lector, se basta a sí misma. De la honestidad, bueno qué digo, la honestidad ¿qué es eso?>>

-María Rivera
* Última parte de la ponenecia leída en el Encuentro de Poesía "Estoy afuera".



: literatura y misoginia



Pregunta: Cada vez soy más escéptico en lo tocante a la calidad de nuestro continente literario nacional. Por eso, en mis peores ratos de ocio, me pregunto: ¿Existe realmente algo que pueda referirse como una “tradición literaria” en México?

Respuesta: También en mis peores ratos de ocio me respondo: ¡Por supuesto que sí! Se trata ni más ni menos de esa endémica tradición literaria de escritores mexicanos que odian, someten e invisibilizan a las mujeres (directa o indirectamente, en la práctica o en la ficción), y que puede rastrearse perfectamente desde el siglo XIX hasta nuestros días: todos los Sheridans, todos los Fadanellis, todos los sucio-realistas, todos los narco-escritores tan de moda, sin dejar de lado a los elitistas, a los exquisitos, todas las revistas, pasando por un grueso contingente de poetas, narradores, críticos y editores de derecha y de izquierda, viejos y jovencísimos, con o sin talento, con o sin ideas, tantos... en verdad tantos que resultaría perezoso siquiera enlistarlos. No, gracias... Cancelen mi suscripción a cualquier-cosa-que-sea-eso.

¡Larga vida a nuestras letras, a la estética del falocentrismo y al patriarcado intelectual en turno!



: audioslave en cuba



El pasado mayo y por primera vez en la historia, un grupo de rock estadunidense dio un concierto (gratuito) en suelo cubano. Dicha banda no pudo ser otra que Audioslave, el grupo formado por Chris Cornell (ex miembro de Soundgarden y uno de los mejores cantantes de rock de todos los tiempos) y los antiguos miembros de Rage Against the Machine (todos sabemos del activismo de Zack de la Rocha y Tom Morello en movimientos como el zapatista, y recordamos con gusto cómo Tim Commerford saboteó en el 2000 los premios MTV). Tom Morello y compañía tocaron (para darle el golpe de gracia al tono irónico del asunto) en la Plaza Anti-Imperialista José Martí de la Habana, ante unas sesenta mil personas. Por estas fechas estará saliendo el DVD del concierto, Live in Cuba, que incluye además un documental de este evento histórico. El set de rolas luce bastante bien, pues por primera vez quedaron grabadas las versiones de la banda para los clásicos tanto como de Soundgarden como de RATM ("Black hole sun", "Spoonman", "Outshined" y "Bulls on parade"), bandas de las que Audioslave se nutre. Es cierto que el rock ha dado muchas concesiones, que ha perdido en las últimas décadas su credibilidad y su poder primigenios, (ahora el hip-hop es mucho más honesto y contestatario, por ejemplo); pero también es cierto es que aún quedan bandas como ésta, que no dejan pasar una oportunidad para pintarle un dedo, entre otras cosas, al racismo, a las injusticias sociales y a las políticas expansionistas de los EEUU.



: dos mujeres
que admiro





01: ¿Quién le teme a Clarice Lispector? Los hombres. Los hombres temen (y por lo general denostan o invisivilizan) la literatura de la que muy probablemente sea la mejor escritora latinoamericana de todos los tiempos (incluidos escritores y escritoras). La prosa de Lispector no le pide nada a la de Lezama, por ejemplo, y está mucho más cerca del genio y de la sensibilidad de Joyce y de la Woolf.

Clarice Lispector, nascida em 10 de dezembro de 1920 e falecida em 9 de dezembro de 1977, é uma escritora brasileira de origem judia, nascida em Tchetchelnik, Ucrânia. Os pais emigram para o Brasil quando ela tem apenas dois meses de idade. Começou a escrever logo que aprendeu a ler, na cidade do Recife. Em 1944 publicou seu primeiro romance, Perto do coração selvagem.

A literatura brasileira era nesta altura dominada por uma tendência essencialmente regionalista, com personagens contando a difícil realidade social do país na época. Clarice Lispector surpreendeu a crítica com seu romance, quer pela problemática de cariz existencial, completamente inovadora, quer pelo estilo solto elíptico, e fragmentário, reminiscente de Joyce e Virginia Woolf, ainda mais revolucionário.

Hélène Cixous vai ao ponto de dizer que há uma literatura brasileira A.C, (Antes de Lispector) e D.C.

Seu romance mais famoso embora menos característico quer temática quer estilísticamente, é A hora da estrela, o último publicado antes de sua morte. Neste livro a vida de Macabéa, uma nordestina criada no estado Alagoas e vai morar no Rio de Janeiro, e vai morar em uma pensão, tendo sua vida descrita por um escritor fictício chamado Rodrigo S.M.

No Rio de Janeiro, a imigrante Macabéa não consegue se adaptar ao clima da cidade grande, e tem dificuldade em definir seus próprios valores e os de seu namorado, Olímpico (também nordestino), que tenta subir na vida acima de tudo. (Atenção: spoiler a seguir) No final do livro, Macabéa acaba sendo atropelada por um caminhão , numa cena considerada, na visão do próprio livro, cinematográfica, sendo que daí vem o título do livro (Macabéa viveu irônica e tragicamente seu "momento de estrela"). (Atenção: fim do spoiler).

Escolher seu melhor romance, contudo, é sempre polêmico. A crítica se divide entre A Paixão Segundo G.H. e Água Viva. Faleceu de câncer (cancro) em 1977, um dia antes de seu 57º aniversário. Seu desejo era ser enterrada no Cemitério São João Batista na cidade do Rio de Janeiro. Mas acabou por ser inumada no Cemitério Israelita de Cajú, também no Rio de Janeiro.


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02: Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 29 de abril, 1936 - 25 de septiembre, 1972). Poeta. Hija de emigrantes rusos judíos, estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires, pintura con Juan Batlle Planas y publicó ocho libros; entre ellos se destacan: Árbol de Diana, Los trabajos y las noches, Extracción de la piedra de locura y El infierno musical, así como su trabajo en prosa La Condesa sangrienta.

Antes de su primer viaje a París donde residirá entre 1960 y 1964, Alejandra publica en 1955 ‘La tierra más ajena’, libro del que abjura; en 1956 “La última inocencia” y en 1958 “Las aventuras perdidas”, pero donde sus poemas comienzan a despedir el resplandor absoluto de su presencia es en ‘Árbol de Diana’ (1962). Y decir “presencia” es lo mismo que intentar asomarnos a la multiplicidad de rayos que conformaban su genio poético, rayos iluminados por sus amados Lewis Carroll, Novalis, Baudelaire, de Nerval, Hölderlin, Breton, Trakl, entre tantos otros, y especialmente por Kafka, Rimbaud, Antonin Artaud e Isidore Ducasse autoproclamado Conde de Lautréamont, quien con sus “Cantos de Maldoror” va a marcar definitivamente la estética de Alejandra, sobre todo a partir de “Extracción de la piedra de locura”, publicado en 1968.



Fuente: Wikipedia, por supuesto.

: unas semanas en el dF

01: zócalo
Toda la banda está invitada a la Feria del Libro del Zócalo, donde estaré leyendo a las 15.00 horas del domingo 16 de octubre en el Foro Uno, creo... Por allá nos vemos.

02: sala de lecturas para dar el rol en la Condesa
-Obras completas, Alejandra Pizarnik
-La pasión según G.H., Clarice Lispector
-La mano de la buena fortuna, Goran Petrovic
-Otros placeres, Jerzy Pilch
-Expiación, Ian McEwan

03: feminismo y literatura
El lunes pasado me aventé una plática sobre mi obra en la Ibero (donde en vez de colegiatura cobran cover por entrar), en la clase de mi queridísima Mayra. Misteriosamente (quiero pensar que sólo fue mi paranoia) los pocos hombres que se encontraban escuchando, se levantaron de sus asientos y salieron indignados cuando comencé a hablar de feminismo y cuando dije que yo mismo soy feminista.

04: changoleón y reactor 105
De Coyoacán sólo extraño al buen Changoleón. De la Condesa extrañaba todo, pero más a Francesca y a Helena. Del DF extrañaba el Reactor 105. Pero en el DF, sobre todo, extrañaba a cierta escritora...



: ¡me cago en la bandera!


La Jornada.- Este miércoles, la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolverá el amparo interpuesto por el poeta Sergio H. Witz, quien fue acusado penalmente por el delito de ''ultraje" a la bandera nacional por un poema en el que hace referencia al lábaro patrio.

Ministros consultados al respecto explicaron que el máximo tribunal está ante una oportunidad histórica de interpretar y delimitar los alcances de los artículos 6 y 7 de la Constitución en materia de libertad de expresión, o bien dar la vuelta al asunto y simplemente negar el amparo al quejoso.

En este contexto, trascendió que la mayoría de los cinco ministros que integran la sala están por negar el amparo solicitado en contra del artículo 191 del Código Penal Federal, en el que se sustentó el proceso en contra del poeta.

Los versos que motivaron la denuncia que será resuelta por el máximo tribunal dicen:

''Yo/ me seco de orín de la bandera/ de mi país/ ese trapo/ sobre el que se acuestan/ los perros/ y que nada representa/ salvo tres colores/ y un águila/ que me producen/ un vómito nacionalista."

El 18 de mayo de 2001, José Manuel Bencomo, Abel Santacruz y José Faisal, integrantes de la Asociación Civil Pablo García Montillla denunciaron que en el número 44 de abril de 2001 fue publicado en la revista Criterios un poema denominado Invitación (una patria entre mierda), de Sergio Witz.

La Procuraduría General de la República dio entrada a la denuncia y el 3 de octubre de 2002 el juez segundo de distrito con sede en Campeche consignó la causa penal 103/2002 por la probable comisión del delito de ''ultrajes al escudo de la República y pabellón nacional"; después de una serie de recursos; el asunto llegó a la SCJN bajo la ponencia del ministro José Ramón Cossío.

Los argumentos del quejoso, que en gran parte retoma el ministro instructor, plantean que el artículo 191 es inconstitucional porque viola la libertad de expresión contenida en los artículos 6 y 7 de la Carta Magna.

Artículo 6: ''La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público; el derecho a la información será garantizado por el Estado".

Artículo 7: ''Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública".

En este tenor, Cossío señala en su dictamen que el artículo 191 del Código Penal Federal es contrario a la libertad de manifestación de ideas, de escribir y de publicar escritos; aunque, de acuerdo con información obtenida, los otros cuatro ministros de la sala no comparten su postura.




: 2 de octubre

no se olvida